Tema específico de TCAE en abierto.
Los alimentos se clasifican atendiendo a su función metabólica en el organismo. Los alimentos energéticos aportan calorías para mantener la temperatura corporal y la actividad física; incluyen hidratos de carbono y lípidos. Los alimentos plásticos o constructivos intervienen en la formación y reparación de tejidos, correspondiendo principalmente a las proteínas. Los alimentos reguladores facilitan el metabolismo y protegen contra deficiencias, englobando vitaminas, minerales y agua. Esta clasificación funcional determina la planificación de dietas equilibradas que cubran los requerimientos nutricionales específicos según el estado fisiológico y patológico del paciente.
Las dietas se adaptan al estado digestivo y capacidad de deglución del enfermo. La dieta líquida comprende alimentos fluidos que dejan mínimo residuo (caldo, gelatinas, infusiones), indicada en fases postquirúrgicas inmediatas o procesos agudos digestivos. La dieta semilíquida incluye preparados homogeneizados y lácteos, de fácil digestión. La dieta pastosa evita alimentos fibrosos o duros, ofreciendo texturas semiblandas. La dieta blanda suprime estimulantes mecánicos y químicos (frituras, especias, fibra insoluble), recomendada en gastritis o úlceras. La dieta normal o completa ofrece todos los grupos de alimentos en presentaciones habituales, reservada para pacientes sin restricciones digestivas.
| Tipo de dieta | Características principales | Indicación general |
|---|---|---|
| Líquida | Preparados fluidos, bajo residuo | Postoperatorio inmediato, procesos agudos |
| Semilíquida | Textura cremosa, fácil deglución | Disfagias leves, convalecencia |
| Pastosa | Alimentos triturados, sin trozos | Masticación dificultosa, edentulismo |
| Blanda | Cocinado simple, sin fibra irritante | Patologías gastroduodenales |
| Normal | Alimentación habitual sin restricciones | Paciente sin alteraciones digestivas |
Las dietas terapéuticas modifican nutrientes específicos según la patología de base. La dieta hipocalórica reduce el aporte energético total para pacientes con obesidad o síndrome metabólico. La dieta hipercalórica incrementa calorías y proteínas en estados de desnutrición, caquexia o procesos hipercatabólicos. La dieta hiposódica restringe el sodio (sal común) en insuficiencia cardíaca, hipertensión o hepatopatías. La dieta hipoproteica limita proteínas en insuficiencia renal aguda o hepática avanzada. La dieta diabética controla hidratos de carbono de absorción rápida y distribuye el consumo glucídico a lo largo del día. La dieta sin residuos elimina fibras y semillas para preparar exploraciones radiológicas o intervenciones colonoscópicas. La dieta astringente reduce el peristaltismo intestinal en procesos diarreicos.
La alimentación oral natural constituye la vía fisiológica preferente, requiriendo preparación del entorno, posición del paciente en semi-Fowler (30-45º) para facilitar la deglución y prevenir aspiraciones, y supervisión directa durante la ingesta. La nutrición enteral abarca la sonda nasogástrica (SNG), sonda nasoentérica y gastrostomía percutánea endoscópica (GPE), empleada cuando existe función gastrointestinal preservada pero imposibilidad de uso oral. La nutrición parenteral administra nutrientes por vía intravenosa (periférica o central) en insuficiencia intestinal severa, obstrucción o fístulas digestivas.
Los cuidados específicos incluyen:
El personal sanitario debe cuantificar el volumen ingerido por el paciente, registrando el porcentaje de consumo respecto a la ración servida (0%, 25%, 50%, 75%, 100%). Este registro documenta el estado nutricional, la evolución del apetito y la necesidad de modificar la vía de alimentación. Se controlan asimismo las intolerancias, alergias alimentarias documentadas y las interacciones entre medicamentos y nutrientes que puedan afectar la absorción o el metabolismo.
La nutrición enteral consiste en la administración de fórmulas nutricionales completas a través del tracto gastrointestinal mediante sondas específicas. Se indica cuando el paciente presenta disfunción digestiva que impide la ingesta oral pero mantiene la integridad y funcionalidad del aparato digestivo. Las vías de acceso incluyen la sonda nasogástrica para alimentación gástrica de corto plazo, la sonda nasoentérica para administración yeyunal, la gastrostomía endoscópica percutánea para nutrición prolongada mediante acceso directo al estómago, y la yeyunostomía mediante acceso directo al yeyuno.
Las fórmulas enterales se clasifican según su composición molecular en poliméricas, que requieren digestión normal y son las más utilizadas; oligoméricas o semi-elementales, con nutrientes parcialmente hidrolizados para absorción facilitada; y elementales, con aminoácidos y monosacáridos de fácil absorción. Existen fórmulas específicas para patologías como diabetes mellitus, insuficiencia hepática, renal o pulmonar, y fórmulas modulares que permiten ajustar componentes individualmente. La manipulación requiere higiene estricta de manos, uso de guantes estériles, verificación de la fecha de caducidad y la integridad del envase. Las fórmulas industriales pueden administrarse directamente o diluirse según prescripción, mientras que las preparaciones hospitalarias requieren elaboración en áreas condicionadas.
La administración demanda posición semisentada del paciente entre 30 y 45 grados para minimizar el riesgo de aspiración broncoaspirativa, manteniendo esta inclinación durante al menos una hora posterior a la alimentación. El control de temperatura es esencial: las fórmulas refrigeradas deben extraerse del frío con anticipación para suavizar la temperatura o calentarse en baño maría, evitando microondas que generen puntos calientes. La velocidad de infusión se inicia lenta progresivamente según tolerancia, utilizando bombas de infusión específicas para nutrición enteral que garanticen flujo constante. Se requiere verificación diaria del pH gástrico residual y el sitio de fijación de la sonda.
Las complicaciones mecánicas incluyen obstrucción del tubo por residuos de medicación o fórmula, requiriendo irrigación con agua estéril; desplazamiento de la sonda hacia vías respiratorias; y erosiones en mucosas. Las gastrointestinales abarcan diarrea, náuseas, vómitos, distensión abdominal y estreñimiento. Las metabólicas engloban deshidratación, hiperglucemia, hipoglucemia y alteraciones electrolíticas. El riesgo de neumonía por aspiración constituye la complicación más grave, prevenible mediante elevación del cabecero y control de residuos gástricos.
La nutrición parenteral supone la administración de nutrientes esenciales mediante acceso venoso cuando el tracto gastrointestinal es inaccesible, insuficiente o debe mantenerse en reposo absoluto. Se diferencia en nutrición parenteral periférica, indicada para tratamientos breves con menor concentración calórica y osmolaridad inferior a 800 mOsm/L, y nutrición parenteral central, que utiliza catéteres venosos centrales con punta en vena cava superior o yugular interna para soluciones hiperosmótares.
La preparación de la nutrición parenteral total requiere mezcla de glucosa como fuente energética principal, aminoácidos para síntesis proteica, emulsiones lipídicas para aporte calórico y ácidos grasos esenciales, electrolitos, vitaminas hidrosolubles y liposolubles, y oligoelementos. La manipulación es estrictamente estéril, realizándose en cabinas de flujo laminar horizontal por personal especializado. Las bolsas de nutrientes deben almacenarse refrigeradas protegiendo las emulsiones lipídicas de la luz. El sistema de administración permanece cerrado, utilizando conectores estériles sin agujas.
La infusión requiere filtros de 0,22 micras para soluciones cristaloides y 1,2 micras para emulsiones lipídicas, o sistemas separados para lípidos según protocolo. La velocidad se controla mediante bombas de infusión volumétricas precisas, nunca por gravedad. Se realiza cambio diario del equipo de infusión y administración en 24 horas máximo. La monitorización incluye control estricto de glucemia cada 6 horas inicialmente, ionograma sérico, balance hídrico y vigilancia de signos de infección local o sistémica.
Las mecánicas derivan de la canalización venosa: neumotórax, hemotórax, perforación vascular y embolia aérea. Las infecciosas incluyen sepsis por contaminación del catéter o solución, flebitis y celulitis. Las metabólicas comprenden hiperglucemia severa, acidosis, alteraciones hepáticas con esteatosis o colestasis, deficiencias o excesos electrolíticos, y síndrome de realimentación en desnutridos severos.
| Aspecto | Nutrición Enteral | Nutrición Parenteral |
|---|---|---|
| Vía de acceso | Tubo digestivo (nasogástrica, PEG, yeyunal) | Venosa periférica o central |
| Requerimiento digestivo | Función gastrointestinal preservada | Inaccesibilidad o fallo intestinal |
| Riesgo infeccioso | Bajo (aspiración pulmonar) | Alto (sepsis por catéter) |
| Complejidad manipulativa | Moderada (higiene alimentaria) | Máxima (esterilidad absoluta) |
| Duración prevista | Corto a largo plazo | Temporal hasta recuperación intestinal |
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