Tema específico de Administrativo en abierto.
Esta sección aborda la atención a la ciudadanía como segunda parte de un bloque temático dedicado a las relaciones entre el Sistema Sanitario y los usuarios. Se enmarca específicamente dentro del Servicio Andaluz de Salud y establece las bases para comprender cómo debe desarrollarse la interacción profesional-ciudadano en el contexto sanitario andaluz. El enfoque trasciende la mera gestión administrativa o burocrática para incorporar aspectos comunicativos, éticos y de calidad en la atención, entendiendo que la relación con el ciudadano es un componente esencial de la práctica sanitaria y no un añadido secundario a la actividad clínica. Este tema desarrolla las competencias necesarias para una atención de calidad que combine eficacia técnica con sensibilidad humana.
El contenido se organiza en torno a tres ejes fundamentales que articulan la relación asistencial en el marco del Servicio Andaluz de Salud:
El eje vertebrador de todo el sistema es la colocación del ciudadano en el centro del Sistema Sanitario. Esto implica un cambio de paradigma donde la atención no se limita a la prestación técnica de servicios sanitarios, sino que incorpora la dimensión relacional y comunicativa como elemento inseparable de la calidad asistencial. Esta centralidad determina que todos los procesos, normas y habilidades descritas en el tema deban orientarse hacia la satisfacción de las necesidades del usuario, respetando su dignidad, autonomía y derechos. El modelo exige que el profesional sanitario combine la competencia técnica con la competencia relacional, entendiendo ambas como igualmente necesarias para una atención sanitaria completa y humanizada.
La atención a la ciudadanía abarca necesariamente los siguientes elementos interconectados que conforman el núcleo del tema:
Tabla comparativa de ejes temáticos:
| Eje temático | Componentes principales | Función en la atención |
|---|---|---|
| Normativo | Manual de estilo del SAS | Establece estándares de comportamiento y calidad específicos para profesionales |
| Relacional | Habilidades sociales y comunicación | Facilitan la interacción profesional-paciente efectiva y respetuosa |
| Posicional | Ciudadano como centro | Reorienta el modelo asistencial hacia el usuario y sus necesidades reales |
| Jurídico | Información y confidencialidad | Garantizan derechos fundamentales y límites éticos inviolables en la práctica |
La atención a la ciudadanía (II) configura un sistema integrado donde el Manual de estilo del Servicio Andaluz de Salud opera como marco referencial normativo que delimita cómo debe ser la actuación profesional ante el público. Los valores y principios funcionan como fundamentos éticos de la actuación, informando todas las decisiones y comportamientos en la relación asistencial. Las habilidades sociales y la comunicación actúan como medios operativos para establecer la relación asistencial efectiva y alcanzar los objetivos terapéuticos. Los derechos a la información y confidencialidad operan como límites y garantías jurídicas indispensables que protegen al ciudadano frente a posibles abusos o negligencias. El ciudadano situado en el centro constituye el fin último de todo el dispositivo asistencial, de modo que la calidad técnica de la sanidad debe complementarse necesariamente con la calidad relacional y comunicativa para configurar una atención completa y respetuosa con la dignidad humana.
El Manual de Estilo del Servicio Andaluz de Salud es el instrumento normativo que regula la identidad corporativa y las pautas de comunicación institucional. Su función principal es garantizar la coherencia visual y verbal en todas las manifestaciones del SAS, asegurando una imagen unificada, reconocible y profesional ante la ciudadanía. El documento vincula a todos los centros, direcciones generales, servicios y profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía, estableciendo normas vinculantes para la creación de documentación, señalización, publicaciones digitales y elementos de soporte físico.
La identidad visual se estructura en componentes inalterables que constituyen la marca institucional:
Las especificaciones técnicas aseguran la correcta reproducción de los elementos gráficos:
| Parámetro | Especificación | Restricción |
|---|---|---|
| Zona de protección | Espacio libre mínimo equivalente a la altura de la "S" de SAS alrededor del logotipo | No situar texto ni elementos gráficos invadiendo esta área de seguridad |
| Tamaño mínimo | 20 mm de ancho en soportes impresos; 120 píxeles en pantalla | No reducir dimensiones que comprometan la legibilidad de la marca |
| Fondos | Favorables: blanco, verde SAS, azul SAS, gris oscuro | Prohibido sobre fondos complejos, fotografías o colores que impidan contraste adecuado |
| Versiones | Positivo (color sobre blanco), negativo (blanco sobre color), monocromo (negro o gris) | No aplicar versiones no autorizadas, ni rotar, distorsionar o añadir efectos (sombras, relieves) |
Las aplicaciones obligatorias del manual incluyen:
El manual establece parámetros para el discurso institucional más allá de la imagen gráfica:
La Dirección General de Comunicación del Servicio Andaluz de Salud ostenta la competencia de interpretación y control del cumplimiento del manual. Cualquier excepción a las normas establecidas requiere autorización previa y justificada. El documento se actualiza periódicamente para adaptarse a nuevas realidades tecnológicas y comunicativas, manteniendo siempre la esencia identitaria institucional.
El Manual de Estilo del Servicio Andaluz de Salud establece un marco ético y conductual que orienta la relación entre profesionales sanitarios y ciudadanos. Los valores constituyen los referentes ideológicos que inspiran la actuación institucional y personal, mientras que los principios operativos concretan esos valores en comportamientos observables y medibles dentro de la práctica asistencial cotidiana. Este marco normativo garantiza un trato uniforme, digno y personalizado independientemente del punto de acceso, nivel asistencial o complejidad del centro. La coherencia entre lo declarado y lo ejecutado constituye el fundamento de la confianza ciudadana en el sistema público de salud.
El sistema sanitario público andaluz se sustenta en valores innegociables que definen su identidad asistencial y su compromiso con la ciudadanía:
Los valores y principios presentan una interrelación sistemática donde ninguno prevalece sobre la dignidad y el respeto como fundamento último. La empatía activa condiciona la efectiva aplicación del resto de valores, puesto que sin la comprensión de la situación del ciudadano resulta imposible una verdadera personalización. La cortesía opera como mecanismo visible de externalización del respeto interno, constituyendo el primer filtro de percepción ciudadana sobre la calidad del servicio. La accesibilidad y la continuidad funcionan como valores habilitadores que possibilitan la efectiva realización de los demás, puesto que sin acceso efectivo o sin coherencia temporal no puede existir atención personalizada de calidad.
Los principios traducen los valores en patrones operativos concretos que regulan la actuación profesional:
| Principio | Aplicación práctica |
|---|---|
| Ciudadano centro del sistema | Todas las decisiones organizativas y asistenciales priorizan el bienestar, preferencias y derechos del usuario sobre la comodidad institucional |
| Trato digno y personalizado | Interacción individualizada que preserva la intimidad, autonomía y privacidad de la persona en todo momento |
| Comunicación clara | Información veraz, completa y adaptada al nivel de comprensión del interlocutor, evitando tecnicismos innecesarios |
| Confidencialidad | Protección rigurosa de los datos personales y circunstancias sanitarias en todo momento y escenario |
| Igualdad de trato | Ausencia de discriminación por origen racial, sexo, edad, religión, opinión, discapacidad u orientación sexual |
| Seguridad | Prevención activa de daños y minimización de riesgos asociados a la atención sanitaria |
La observancia de estos valores y principios exige comportamientos específicos desde el primer contacto y durante toda la relación asistencial. El profesional debe identificar activamente las necesidades del ciudadano, facilitando la comprensión de la información sanitaria mediante un lenguaje accesible y comprensible. La actuación debe responder a criterios de oportunidad, resolviendo las demandas en el momento o garantizando su derivación adecuada a otros niveles cuando corresponda.
El principio de accesibilidad implica adaptar los espacios físicos y virtuales, ofreciendo alternativas para personas con diversidad funcional y respetando el pluralismo lingüístico de Andalucía mediante el uso del castellano y la atención en otras lenguas cuando sea preciso. La personalización requiere conocer el contexto social y familiar del usuario para contextualizar adecuadamente las intervenciones sanitarias.
La continuidad asistencial se materializa mediante la coordinación efectiva entre niveles de atención primaria y especializada, asegurando que la información clínica fluya adecuadamente sin que el ciudadano deba repetir datos innecesariamente. La calidad se verifica tanto en el resultado técnico como en la experiencia percibida durante todo el proceso de atención.
Conjunto de conductas y capacidades que posibilitan la interacción efectiva y adecuada entre personas. En el contexto sanitario, estas habilidades constituyen instrumentos fundamentales para establecer relaciones profesionales satisfactorias con ciudadanos y usuarios. Integran competencias comunicativas, emocionales y conductuales orientadas a facilitar la comprensión mutua y el logro de objetivos asistenciales.
El profesional sanitario debe desarrollar capacidades específicas que garanticen una atención de calidad:
La transmisión de mensajes combina dos canales simultáneos que deben ser coherentes entre sí:
| Canal | Elementos | Función principal |
|---|---|---|
| Verbal | Palabras seleccionadas, tono de voz, volumen, ritmo | Transmitir información concreta y precisa |
| No verbal | Gestos, postura corporal, mirada, expresión facial, proxémica (distancia) | Reforzar o modificar el mensaje verbal, transmitir emociones y actitudes |
El lenguaje no verbal representa aproximadamente el 70% de la comunicación total, por lo que la coherencia entre ambos canales es esencial para generar credibilidad y confianza.
Técnica comunicativa que implica la recepción consciente y la interpretación correcta del mensaje emitido por el ciudadano. Sus componentes incluyen:
Se distinguen tres modalidades básicas de interacción que determinan la calidad de la relación profesional:
Determinadas conductas comunicativas resultan contraproducentes en el entorno asistencial:
La comunicación en el Sistema Sanitario debe responder a criterios específicos:
El Sistema Sanitario público configura su organización y funcionamiento en torno a la figura del ciudadano como destinatario final de todas las prestaciones. Esta orientación implica un cambio de paradigma respecto a modelos tradicionales, situando a la persona no como receptor pasivo de cuidados, sino como sujeto activo con capacidad de decisión sobre su propio proceso asistencial.
La atención centrada en el ciudadano reconoce su dignidad inherente y su condición de titular de derechos. El sistema garantiza el ejercicio pleno de estos derechos, incluyendo la información clara y comprensible sobre su estado de salud, los tratamientos disponibles y sus alternativas, así como el acceso a la historia clínica. La confidencialidad constituye un pilar fundamental, protegiendo los datos personales y sanitarios frente a accesos no autorizados.
El modelo promueve la participación efectiva del ciudadano en las decisiones que afectan a su salud. Esta implicación se materializa en el consentimiento informado previo a cualquier actuación, respetando la autonomía personal y las creencias individuales. Se establece una relación bidireccional donde el profesional ofrece recomendaciones basadas en evidencia científica, mientras el ciudadano aporta sus valores, preferencias y circunstancias vitales.
La atención se individualiza según las necesidades específicas de cada persona, considerando factores culturales, sociales y personales. Se prioriza la continuidad asistencial, asegurando que diferentes niveles y profesionales coordinen su actuación manteniendo la coherencia terapéutica. La accesibilidad constituye otro elemento esencial, garantizando que los servicios respondan a las demandas sin barreras geográficas, económicas ni culturales.
El ciudadano asume también responsabilidades dentro de este modelo, participando activamente en el mantenimiento de su salud y en el seguimiento de tratamientos acordados. Se fomenta la corresponsabilidad, entendiendo la salud como un bien individual y colectivo donde el sistema facilita herramientas, pero requiere compromiso personal para su efectividad.
El ciudadano constituye el eje vertebrador del Sistema Sanitario, reconociéndose su dignidad intrínseca como persona. Esta concepción trasciende la visión meramente asistencial para integrar dimensiones bioéticas y sociales. Se garantiza el derecho a la autodeterminación, permitiendo que cada individuo tome decisiones informadas sobre su cuerpo y salud conforme a sus valores personales. El respeto a la identidad cultural, religiosa y social forma parte integral de la atención, eliminando cualquier forma de discriminación o trato paternalista.
Los ciudadanos ostentan derechos específicos en su relación con el sistema sanitario:
La relación profesional-ciudadano se configura como una alianza terapéutica donde ambas partes aportan conocimientos y valores. El profesional facilita información técnica sobre riesgos y beneficios, mientras el ciudadano aporta sus preferencias y contexto vital. Este diálogo permite acordar planes de cuidados realistas y adaptados a la situación particular. Se prioriza el consentimiento informado como expresión tangible de esta colaboración, documentando la voluntad del ciudadano de forma explícita.
La atención se organiza garantizando que el ciudadano perciba el sistema como un conjunto cohesionado, independientemente del nivel asistencial (primaria, especializada, hospitalaria) o del profesional concreto que le atienda. Se establecen mecanismos de coordinación entre niveles para evitar duplicidades y fragmentaciones.
| Enfoque tradicional | Enfoque centrado en el ciudadano |
|---|---|
| Paciente receptor pasivo | Ciudadano actor activo |
| Decisión unilateral del profesional | Decisión compartida |
| Atención estandarizada | Atención personalizada |
| Información limitada | Información transparente |
| Relación asimétrica de poder | Relación de igualdad |
La historia clínica única y compartida facilita esta continuidad, permitiendo que cualquier profesional autorizado acceda a la información relevante para decisiones coherentes.
La comunicación constituye el eje central de la actividad asistencial y administrativa dentro del Sistema Sanitario Público de Andalucía. En el contexto del Servicio Andaluz de Salud, se entiende como el proceso mediante el cual se transmite información, emociones y significados entre profesionales, entre estos y los ciudadanos, y entre los distintos niveles asistenciales. Su naturaleza instrumental permite coordinar equipos multidisciplinares, resolver problemas complejos, documentar procesos clínicos y administrativos, y establecer relaciones terapéuticas efectivas. La efectividad de la comunicación determina directamente la calidad percibida por el ciudadano, la seguridad clínica de los procesos asistenciales y la eficiencia organizativa del propio sistema sanitario. Como herramienta de trabajo, exige dominio técnico y competencia interpersonal por parte de todo el personal, independientemente de su categoría profesional o área de desempeño. La transmisión puede producirse de forma directa o mediada por tecnología, siempre dentro del marco de confidencialidad y seguridad que exige la normativa sanitaria vigente.
El acto comunicativo requiere la concurrencia de elementos interdependientes que deben ajustarse a los protocolos establecidos por el SAS:
| Elemento | Definición | Rol en el ámbito sanitario |
|---|---|---|
| Emisor | Persona que origina y codifica el mensaje | Profesional sanitario o administrativo que inicia la transmisión |
| Receptor | Destinatario que decodifica el mensaje | Paciente, familiar o compañero de trabajo que interpreta la información |
| Mensaje | Contenido transmitido (ideas, emociones, datos) | Información clínica, instrucciones terapéuticas o emociones compartidas |
| Canal | Vía física de transmisión | Consulta presencial, teléfono, historia clínica digital, correo electrónico seguro |
| Código | Sistema de signos compartidos | Lenguaje técnico adaptado al usuario o registros estandarizados en historias clínicas |
| Contexto | Situación circundante física y emocional | Urgencias, consulta programada, telemedicina, hospitalización o domicilio |
La comunicación en el entorno sanitario presenta rasgos específicos que determinan su uso como herramienta profesional:
El profesional del SAS utiliza tres vías principales que debe dominar con competencia certificable:
Como herramienta de trabajo en el SAS, cumple funciones operativas concretas y medibles en el desempeño diario:
Los estilos de comunicación se clasifican fundamentalmente en tres tipos: asertivo, pasivo y agresivo. Cada uno presenta patrones diferenciados en la expresión de ideas, sentimientos y derechos.
El estilo asertivo implica la expresión honesta y directa de los propios pensamientos y emociones, respetando simultáneamente los derechos de los demás. Se fundamenta en la comunicación clara y en la defensa de los intereses propios sin vulnerar los ajenos.
El estilo pasivo se caracteriza por la inhibición de las propias opiniones y necesidades. Las personas que adoptan este patrón evitan expresar desacuerdos, permitiendo que otros vulneren sus derechos ante la imposibilidad de establecer límites adecuados.
El estilo agresivo supone la imposición de la propia voluntad sin consideración hacia los derechos o sentimientos ajenos. Incluye tono intimidatorio, juicios de valor y descalificaciones hacia el interlocutor.
La manifestación de cada estilo se observa en el lenguaje verbal y no verbal. El asertivo se expresa mediante frases en primera persona del singular, tono de voz medio, contacto ocular directo y postura erguida pero relajada.
El estilo pasivo se manifiesta mediante disculpas excesivas, voz baja, contacto ocular escaso y postura encorvada. Predomina el silencio o la aceptación de situaciones perjudiciales para evitar conflictos.
El estilo agresivo se evidencia en voz elevada, contacto ocular intimidatorio, gestos bruscos y utilización de pronombres en segunda persona con tono acusatorio. Incluye interrupciones constantes y descalificaciones personales.
En el contexto del Servicio Andaluz de Salud, el estilo asertivo constituye el modelo prioritario para la interacción profesional-paciente. Facilita la obtención de información clínica precisa, favorece la adherencia terapéutica y genera clima de confianza.
La comunicación pasiva dificulta la detección de problemas de salud al impedir que el paciente exprese síntomas o dudas. La agresiva genera respuestas defensivas, ocultamiento de información y deterioro de la relación terapéutica.
| Estilo | Expresión de necesidades | Respeto al otro | Efecto en la relación |
|---|---|---|---|
| Asertivo | Clara y directa | Máximo | Confianza y colaboración |
| Pasivo | Inhibida o ausente | Alto (hacia otro), bajo hacia sí mismo | Frustración y desigualdad |
| Agresivo | Impuesta | Nulo | Conflicto y distanciamiento |
Las habilidades asertivas aplicables en la práctica sanitaria incluyen:
La distinción entre agresividad y asertividad resulta crucial. Decir "no" de forma asertiva implica rechazo de la solicitud específica, no del solicitante. Expresar límites temporales ("no puedo atenderle ahora, pero sí en diez minutos") constituye asertividad, mientras que la negativa absoluta sin alternativa configura pasividad o agresividad según el tono empleado.
La coherencia entre comunicación verbal y no verbal determina la credibilidad del mensaje. Incongruencias entre lo dicho y la expresión corporal generan desconfianza e interpretaciones contradictorias por parte del receptor.
La comunicación asertiva permite la expresión de emociones positivas y negativas sin dañar la relación. Reconocer verbalmente el estado emocional del ciudadano ("entiendo que esté preocupado") precede a la transmisión de información técnica, facilitando la receptividad.
La regulación emocional del profesional resulta indispensable. La identificación de estímulos desencadenantes de respuestas pasivas o agresivas permite mantener el estilo asertivo ante situaciones de presión o conflicto.
La asertividad se distingue de la agresividad en el respeto a la dignidad del interlocutor. Mientras el estilo agresivo busca la victoria en el intercambio, el asertivo persigue la claridad mutua. La frontera entre ambos se establece en el uso de juicios de valor: el asertivo describe comportamientos observables, el agresivo etiqueta a la persona.
La diferencia entre asertividad y pasividad radica en la legitimación de los propios derechos. El asertivo parte de la equivalencia de derechos entre emisor y receptor, mientras el pasivo opera desde una posición de inferioridad percibida.
El derecho a la información comprende dos vertientes fundamentales. La información sanitaria, relativa al estado de salud del paciente, diagnóstico, pronóstico, opciones terapéuticas, riesgos y beneficios de los procedimientos. La información administrativa, referida a los derechos y deberes del ciudadano en el sistema sanitario, recursos disponibles, procedimientos de reclamación, costes y copagos cuando procedan. Ambas obligaciones recaen sobre los profesionales y la institución, garantizando que el paciente disponga de datos suficientes para tomar decisiones autónomas sobre su asistencia.
La información debe cumplir requisitos específicos para ser válida y efectiva. Debe ser veraz, ajustada a la realidad médica sin ocultaciones ni falsedades. Ha de resultar comprensible, adaptada al nivel cultural y lingüístico del destinatario, evitando tecnicismos innecesarios. Debe ser personalizada, atendiendo a las circunstancias particulares de cada paciente. Requiere oportunidad, proporcionándose en el momento adecuado, ni prematura ni tardíamente. Ha de ser completa, incluyendo todos los datos esenciales para la toma de decisiones, sin omitir riesgos relevantes ni alternativas disponibles.
Comprende el diagnóstico con la terminología apropiada aunque comprensible, el pronóstico evolutivo de la enfermedad, los procedimientos diagnósticos y terapéuticos previstos, sus riesgos y beneficios potenciales, las alternativas existentes incluyendo la opción de no tratarse, y el grado de incertidumbre inherente a la práctica médica. Incluye la información sobre dolor, secuelas posibles y pronóstico funcional. El consentimiento informado constituye la manifestación práctica de este derecho, documentándose la información previa y la aceptación libre por parte del paciente.
Cuando el paciente sea menor de edad o incapaz legalmente, el derecho a la información se ejerce a través de los representantes legales o tutores, quienes deciden en nombre del paciente. No obstante, se debe respetar la progresividad informativa hacia el menor atendiendo a su madurez y capacidad de comprensión, informándole directamente sobre aspectos acordes a su desarrollo cognitivo. En pacientes con discapacidad, la información debe adaptarse a sus posibilidades sensoriales y cognitivas para garantizar su comprensión efectiva.
El derecho a la información incluye el acceso al contenido de la historia clínica, documentación que refleja la evolución del proceso asistencial. El paciente puede solicitar copias de informes, pruebas diagnósticas y resúmenes de alta, salvo que exista indicación expresa en contra por razones terapéuticas justificadas por el médico. Este acceso permite al ciudadano conocer su situación real y contrastar opiniones médicas cuando lo estime necesario.
Existen situaciones que limitan el ejercicio de este derecho. El paciente tiene derecho a no ser informado, renunciando a conocer su diagnóstico o pronóstico cuando así lo decida libremente. Los profesionales pueden limitar la información cuando exista certeza de que su comunicación causaría un daño grave al paciente (principio de benevolencia o no maleficencia), aunque esta excepción debe aplicarse con extrema cautela. Asimismo, prevalecen las obligaciones de protección de terceros cuando exista riesgo inminente para su salud o vida, o cuando la legislación específica lo requiera en casos de vigilancia epidemiológica o investigación judicial.
| Tipo | Contenido principal | Momento de entrega | Forma |
|---|---|---|---|
| Sanitaria básica | Diagnóstico, tratamientos, riesgos inmediatos | Antes de procedimientos | Oral y escrita (consentimiento) |
| Sanitaria completa | Pronóstico, alternativas, secuelas, calidad de vida | Durante el proceso asistencial | Oral personalizada |
| Administrativa | Derechos, deberes, reclamaciones, costes | Inicio de la relación asistencial | Documentos, carteles, folletos |
| De documentación clínica | Informes, pruebas, historial | A petición del paciente | Copias compulsadas o duplicados |
El derecho a la confidencialidad constituye la garantía que asiste a toda persona de que su información personal y datos de salud no serán revelados sin su consentimiento expreso. Este derecho se materializa a través del deber de secreto profesional que pesa sobre todo el personal sanitario y no sanitario del Servicio Andaluz de Salud.
La base normativa se encuentra en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, así como en la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales. La confidencialidad abarca tanto la información contenida en la historia clínica como cualquier dato obtenido durante la relación asistencial.
El principio de confidencialidad afecta a todos los espacios físicos y virtuales donde se gestione información sanitaria. Los profesionales deben garantizar la privacidad en entornos de trabajo compartidos, evitando conversaciones sobre casos clínicos en zonas de paso, ascensores o comedores.
Las obligaciones específicas incluyen:
El deber de confidencialidad presenta límites legales determinados. La información puede revelarse sin consentimiento del paciente en supuestos específicos:
| Situación | Fundamento legal | Requisitos |
|---|---|---|
| Riesgo grave para la salud pública | Ley 41/2002 | Comunicación a las autoridades sanitarias competentes |
| Prevención de daños graves al paciente | Ley de Autonomía del Paciente | Cuando la incapacidad del paciente impide consentir y existe riesgo vital |
| Obligación judicial | Proceso judicial vigente | Requerimiento específico de la autoridad competente |
| Información a familiares | Artículo 9 de la Ley 41/2002 | Cuando el paciente carece de capacidad y la información sea necesaria para decisiones asistenciales |
La protección efectiva de la confidencialidad requiere protocolos concretos de actuación:
Es necesario distinguir claramente ambos derechos para evitar confusiones en la práctica asistencial:
| Derecho a la información | Derecho a la confidencialidad |
|---|---|
| Faculta al paciente a conocer su estado de salud | Protege los datos del paciente frente a terceros |
| Se ejerce mediante la comunicación activa por parte del profesional | Se ejerce mediante la abstención de comunicar datos |
| Tiene carácter general y permanente | Presenta excepciones legales limitadas |
| Obliga a informar sobre diagnóstico, pronóstico y tratamientos | Obliga a no revelar datos sin consentimiento |
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