Titulación mínima
Título de Técnico (Formación Profesional de Grado Medio), ESO, FP1, Graduado Escolar, Bachiller elemental, Certificado de Estudios Primarios anterior al curso 1975-1976 o equivalente.
Título oficial del programa: Los sistemas informáticos: conceptos básicos, estructura, elementos, clasificación, funcionalidad y codificación de la información. Hardware, estructura funcional de un ordenador, componentes físicos, periféricos de entrada y salida. Software, soporte lógico de un ordenador: conceptos básicos, elementos, clasificación y funcionalidades, sistemas operativos. Mantenimiento básico de los ordenadores (Preventivo y Correctivo). Nociones básicas de seguridad informática y seguridad de la información (Amenazas y riesgos cibernéticos, mecanismos de protección y técnicas de seguridad). Conceptos básicos de dispositivos de movilidad (portátiles, tablets, móviles).
Definición y alcance. Un sistema informático es un conjunto integrado de elementos materiales, lógicos y humanos que trabajan de forma coordinada para captar, procesar, almacenar y transmitir información. Su objetivo no se limita a ejecutar programas, sino a convertir datos en resultados útiles para usuarios, unidades de trabajo u organizaciones. La interacción entre sus componentes —hardware, software, datos, personas y procedimientos— es esencial para que el sistema cumpla su función, ya sea registrar una solicitud, elaborar un informe o gestionar un expediente.
Estructura básica. La estructura de un sistema informático se organiza en subsistemas interdependientes. El hardware proporciona el soporte físico para la ejecución de tareas, mientras que el software aporta las instrucciones y reglas necesarias. Los datos actúan como materia prima, y las personas —usuarios, técnicos y responsables— deciden cómo y cuándo utilizar el sistema. Los procedimientos establecen normas y métodos para garantizar coherencia y trazabilidad, y las comunicaciones permiten el intercambio de información entre equipos y servicios.
Elementos clave. Cada subsistema cumple una función específica. Sin hardware, no hay ejecución material; sin software, el hardware carece de utilidad. Los datos son imprescindibles para generar información procesable, y las personas son necesarias para operar y controlar el sistema. Los procedimientos evitan el caos operativo, y las comunicaciones aseguran la interconexión entre recursos. La ausencia de cualquiera de estos elementos compromete la funcionalidad del sistema.
Clasificación por finalidad. Los sistemas informáticos pueden dividirse en dos grandes grupos según su propósito. Los sistemas de uso general permiten realizar tareas variadas, como redacción, consulta de datos o comunicación. Los sistemas de propósito específico, en cambio, se diseñan para funciones concretas, como controlar un proceso técnico o gestionar operaciones delimitadas. Esta clasificación no implica jerarquía, sino especialización: ambos tipos son válidos según las necesidades organizativas.
Clasificación por arquitectura. Según cómo se presten los servicios, los sistemas pueden ser centralizados, donde el tratamiento principal se concentra en un recurso común, o distribuidos, donde las tareas o datos se reparten entre varios elementos coordinados. Para el usuario, lo relevante es que el servicio sea coherente y responda a sus necesidades, independientemente de la distribución técnica subyacente.
Codificación de la información. La codificación es el proceso de representar datos mediante símbolos o caracteres que los sistemas informáticos puedan procesar. Su finalidad es facilitar el almacenamiento, transmisión y recuperación eficiente de la información. Incluye sistemas de numeración como el binario (base 2) o el hexadecimal (base 16), códigos de caracteres como ASCII o Unicode, y formatos de archivo específicos para distintos tipos de datos, como texto, hojas de cálculo o imágenes médicas.
Relación con los sistemas de información. Un sistema informático no debe confundirse con un sistema de información. Mientras que el primero se centra en los recursos técnicos y lógicos, el segundo pone el acento en la información y los procesos organizativos que la generan y utilizan. En la práctica administrativa, los sistemas de información suelen estar informatizados, pero pueden incluir también soportes no automatizados. La calidad de ambos depende de la coherencia entre sus elementos y de su alineación con los objetivos de la organización.
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Probar demo gratis con preguntas de este temaDefinición de hardware. El hardware comprende todos los elementos físicos y tangibles de un sistema informático, desde los circuitos integrados de la placa base hasta los dispositivos periféricos externos. Su función principal es captar datos, procesarlos, almacenarlos y presentar resultados, sin incluir la información ni las instrucciones que maneja. Por ejemplo, un disco duro es hardware, pero los archivos que contiene no lo son.
Estructura funcional básica. La estructura funcional de un ordenador se articula en torno a cinco operaciones esenciales: entrada de datos, procesamiento, almacenamiento, salida y comunicación entre componentes. Este enfoque permite entender el hardware como un sistema coordinado, donde cada bloque cumple una función lógica. La entrada incorpora datos al sistema, el procesamiento los transforma, el almacenamiento los conserva, y la salida los presenta al usuario o a otros sistemas.
Modelo de von Neumann. La arquitectura de von Neumann, vigente desde 1945, define la estructura funcional de los ordenadores actuales mediante cuatro subsistemas interconectados: la Unidad Central de Procesamiento (CPU), la memoria principal (RAM y ROM), el sistema de entrada/salida (E/S) y las unidades de almacenamiento secundario. Estos subsistemas se comunican a través de buses de datos, direcciones y control, garantizando el flujo de información necesario para el funcionamiento del equipo.
Clasificación funcional del hardware. Para facilitar su estudio, el hardware se clasifica según su función principal. Entre las categorías destacan: hardware de proceso (CPU, ALU, Unidad de Control), hardware de memoria (RAM, ROM, caché), hardware de almacenamiento (HDD, SSD, memorias USB), hardware de interconexión (placa base, buses, puertos) y hardware de entrada/salida (teclado, monitor, impresora). Esta clasificación ayuda a identificar la función de cada componente y su relevancia en el sistema.
Periféricos de entrada y salida. Los periféricos son dispositivos externos que permiten la comunicación entre el usuario y el ordenador. Se clasifican en tres tipos: de entrada (teclado, ratón, escáner), de salida (monitor, impresora, altavoces) y mixtos (pantallas táctiles, unidades de almacenamiento externo). En el ámbito del SAS, estos dispositivos son esenciales para tareas como la digitalización de documentos, la impresión de etiquetas o la configuración de puestos de trabajo.
Importancia en entornos administrativos. En el Servicio Andaluz de Salud, el hardware no es solo un conjunto de componentes técnicos, sino la base física sobre la que se ejecutan sistemas críticos. Desde la gestión de citas hasta la dispensación de medicación o el diagnóstico por imagen, cada función depende de una infraestructura hardware adecuada y bien coordinada. Esto exige a los auxiliares administrativos conocer su estructura y funcionamiento para resolver incidencias básicas o colaborar en la configuración de equipos.
Diferenciación entre hardware e información. Un error común es confundir el hardware con la información que maneja. Por ejemplo, un documento guardado en un disco duro es información contenida en un soporte físico, no hardware. Del mismo modo, un programa instalado en un ordenador utiliza recursos físicos para ejecutarse, pero no forma parte del hardware. Esta distinción es fundamental para entender el alcance real de cada componente.
Definición y naturaleza del software. El software constituye la parte intangible de un sistema informático, formada por programas, datos, instrucciones y procedimientos que permiten al hardware ejecutar tareas concretas. A diferencia del hardware, que es físico y tangible, el software se almacena en soportes como discos duros o servidores y se ejecuta para gestionar recursos, procesar información o facilitar la interacción con el usuario. Su función principal es traducir necesidades humanas en operaciones comprensibles para la máquina, haciendo posible que un ordenador sea una herramienta útil en entornos administrativos y sanitarios.
Relación con el hardware. El software y el hardware son componentes inseparables y complementarios. Mientras el hardware proporciona los recursos físicos (procesador, memoria, almacenamiento), el software aporta las instrucciones que organizan y dirigen su funcionamiento. Sin software, el hardware carecería de utilidad práctica, ya que no podría realizar tareas específicas como gestionar historiales clínicos o procesar recetas electrónicas. En el SAS, esta relación es crítica, pues sistemas como Diraya o Receta XXI dependen tanto de equipos físicos como de programas que los hagan operativos.
Clasificación por función. El software se clasifica principalmente en dos categorías: software de sistema y software de aplicación. El software de sistema incluye programas que gestionan los recursos del hardware y proporcionan servicios a otros programas, como sistemas operativos, controladores de dispositivos (drivers) y utilidades de mantenimiento. El software de aplicación, por su parte, está diseñado para realizar tareas específicas para el usuario, como procesadores de texto, navegadores web o aplicaciones sanitarias como Diraya. En el SAS, ambos tipos son esenciales para el funcionamiento diario de centros de salud y hospitales.
Sistemas operativos en el SAS. Los sistemas operativos (SO) son un tipo de software de sistema que actúa como intermediario entre el hardware y las aplicaciones. En el SAS, los SO más utilizados son Windows (en equipos administrativos y clínicos), Linux (en servidores y estaciones técnicas) y macOS (en áreas de gestión específicas). Windows destaca por su compatibilidad con aplicaciones sanitarias y administrativas, mientras que Linux se valora por su estabilidad, seguridad y bajo coste, especialmente en servidores que alojan bases de datos corporativas.
Funciones de los sistemas operativos. Los sistemas operativos desempeñan funciones clave como la gestión de procesos, que controla la ejecución de programas y asigna tiempo de CPU; la gestión de memoria, que distribuye la RAM entre aplicaciones; y la gestión de archivos, que organiza y protege los datos almacenados. También gestionan dispositivos periféricos mediante drivers y proporcionan interfaces de usuario, ya sean gráficas (GUI) o de línea de comandos (CLI). En el SAS, estas funciones son fundamentales para garantizar el acceso seguro y eficiente a aplicaciones como Diraya o Receta XXI.
Software según su ámbito de uso. Además de su función, el software se clasifica según el entorno en el que opera. Los sistemas operativos de escritorio (Windows, macOS) se utilizan en ordenadores personales y estaciones de trabajo, mientras que los sistemas operativos de servidor (Windows Server, Linux) gestionan redes y servicios en entornos corporativos. Los sistemas operativos móviles (Android, iOS) están diseñados para dispositivos como tablets y smartphones, y los sistemas embebidos se integran en equipos médicos o routers. En el SAS, esta diversidad permite adaptar el software a las necesidades específicas de cada área, desde la gestión administrativa hasta el diagnóstico por imagen.
Ventajas y desventajas en el SAS. La elección del software en el SAS depende de criterios como compatibilidad, seguridad y coste. Windows, por ejemplo, ofrece amplia compatibilidad con aplicaciones sanitarias, pero requiere licencias y parches frecuentes para mantener la seguridad. Linux, en cambio, es gratuito y estable, aunque su curva de aprendizaje es mayor y no siempre es compatible con software propietario. Android e iOS, utilizados en dispositivos móviles, facilitan el acceso a aplicaciones en movilidad, pero requieren medidas adicionales de seguridad para proteger datos sensibles.
Definición y propósito. El mantenimiento básico de ordenadores engloba el conjunto de acciones planificadas destinadas a conservar el correcto funcionamiento de los equipos informáticos. Su objetivo principal es minimizar fallos, optimizar el rendimiento y asegurar la disponibilidad de los sistemas, especialmente en entornos críticos como el Servicio Andaluz de Salud (SAS), donde la interrupción de servicios puede afectar directamente a la atención sanitaria y la gestión administrativa.
Tipos de mantenimiento. Este mantenimiento se clasifica en dos categorías fundamentales. El mantenimiento preventivo incluye acciones proactivas realizadas de forma periódica para evitar la degradación del hardware y software, como limpiezas físicas, actualizaciones de seguridad o copias de seguridad. El mantenimiento correctivo, en cambio, es reactivo y se activa tras detectar una avería o fallo, con el fin de diagnosticar, contener y resolver el problema para restaurar el servicio lo antes posible.
Protocolos estandarizados en el SAS. El SAS aplica protocolos de mantenimiento preventivo definidos por la Dirección General de Tecnologías de la Información y Comunicación en Salud (DGTICS). Estos protocolos establecen, entre otras medidas, la limpieza física de equipos cada seis meses en entornos clínicos, la gestión centralizada de actualizaciones de software y parches de seguridad, y la realización de copias de seguridad de datos críticos integradas en los sistemas corporativos. Estas acciones se alinean con el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) y las directrices de la Junta de Andalucía en materia de administración electrónica.
Herramientas corporativas para la gestión. Para el mantenimiento correctivo, el SAS utiliza sistemas como GLPI o ServiceNow, que permiten registrar, priorizar y gestionar incidencias. Estos sistemas clasifican las incidencias según su impacto operativo, asignándoles prioridad en función de su criticidad. Por ejemplo, un fallo en un equipo de admisión tendrá mayor prioridad que un problema en un dispositivo de uso ocasional. Además, facilitan la asignación de incidencias a técnicos especializados y el seguimiento del tiempo de resolución, garantizando una respuesta eficiente y coordinada.
Impacto en la productividad y seguridad. En un entorno administrativo sanitario, el mantenimiento no solo busca alargar la vida útil de los equipos, sino también asegurar la disponibilidad de los trámites, proteger la integridad de los datos y evitar que incidencias menores se agraven por intervenciones improvisadas. La combinación de mantenimiento preventivo y correctivo reduce el riesgo de interrupciones prolongadas, optimiza el uso de recursos y contribuye a la seguridad de la información, un aspecto crítico en el ámbito sanitario.
Enfoque en la continuidad operativa. La alta exigencia operativa del SAS exige que los sistemas informáticos estén disponibles de forma continua. El mantenimiento preventivo, al actuar antes de que ocurran fallos, disminuye la probabilidad de incidencias graves. Por su parte, el mantenimiento correctivo asegura que, cuando se produzca un problema, este se resuelva de manera rápida y efectiva, minimizando su impacto en la atención al usuario y en los procesos administrativos.
Integración con normativas y estándares. Los protocolos de mantenimiento del SAS no operan de forma aislada, sino que se integran en un marco normativo más amplio. El cumplimiento del Esquema Nacional de Seguridad garantiza que las medidas adoptadas sean coherentes con los estándares de seguridad y protección de datos aplicables a las administraciones públicas. Esto refuerza la confianza en los sistemas y asegura que las actuaciones de mantenimiento cumplan con los requisitos legales y técnicos exigidos.
Importancia de la seguridad informática. En el Servicio Andaluz de Salud (SAS), la seguridad informática y de la información es fundamental debido a la naturaleza sensible de los datos que gestiona, como historias clínicas, datos personales e información epidemiológica. La dependencia de sistemas interconectados, como el Sistema de Información Sanitaria de Andalucía (Diraya) o la Receta Electrónica, incrementa la exposición a riesgos que podrían afectar la continuidad asistencial o la privacidad de los pacientes [2].
Marco normativo aplicable. El SAS está sujeto a normativas específicas que regulan la protección de datos en el ámbito sanitario. Entre ellas destacan el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD). Estas normas establecen obligaciones para garantizar la confidencialidad, integridad y disponibilidad de la información, así como los derechos de los ciudadanos sobre sus datos personales [2].
Política de Seguridad TIC del SAS. La Resolución de 8 de abril de 2021 aprueba la Política de Seguridad TIC del SAS, que define los objetivos, el ámbito de aplicación y las responsabilidades en materia de seguridad. Esta política busca garantizar la protección de los sistemas de información y el cumplimiento de la normativa vigente. Su ámbito de aplicación incluye todos los sistemas del SAS, desde centros sanitarios hasta servicios centrales, y afecta tanto a profesionales como a usuarios [5].
Responsabilidades en seguridad. La Dirección Gerencia del SAS es la responsable última de la seguridad de los sistemas de información. La Dirección General de Sistemas de Información y Transformación Digital coordina la implementación de la política, mientras que la Unidad de Seguridad de los Sistemas de Información (USSI) ejecuta las medidas técnicas y gestiona los incidentes. Los profesionales del SAS tienen la obligación de cumplir las normas de seguridad y reportar cualquier incidente que detecten, contribuyendo así a la protección global de los sistemas [5].
Amenazas y riesgos cibernéticos. El SAS enfrenta amenazas cibernéticas que pueden comprometer la integridad, confidencialidad o disponibilidad de la información. Estas amenazas incluyen ataques de malware, phishing, ransomware o accesos no autorizados, que podrían afectar a la continuidad de los servicios sanitarios o a la privacidad de los pacientes. La exposición a estos riesgos exige la implementación de medidas técnicas y organizativas para mitigarlos [2].
Mecanismos de protección. La Política de Seguridad TIC del SAS establece medidas técnicas y organizativas para proteger los sistemas de información. Estas incluyen la gestión de accesos, que garantiza que solo personal autorizado pueda acceder a datos sensibles; la protección de datos, mediante cifrado y controles de confidencialidad; la gestión de incidentes, para detectar y responder a amenazas; y la formación continua de los profesionales, para concienciar sobre las buenas prácticas en seguridad [5].
Técnicas de seguridad. Entre las técnicas de seguridad aplicadas en el SAS destacan el uso de cortafuegos para proteger las redes, antivirus para detectar y eliminar malware, y sistemas de autenticación robusta para verificar la identidad de los usuarios. Además, se realizan auditorías periódicas y ejercicios de ciberseguridad, como el Ciber Europe 2022, para evaluar la capacidad de respuesta ante incidentes y mejorar la resiliencia de los sistemas [6].
Seguridad en dispositivos de movilidad. El SAS también extiende sus medidas de seguridad a dispositivos de movilidad, como portátiles, tablets y móviles, que son utilizados por los profesionales en su actividad diaria. Estos dispositivos deben cumplir con políticas de seguridad específicas, como el uso de contraseñas seguras, el cifrado de datos y la instalación de software de protección, para evitar riesgos asociados a su pérdida o robo [2].
Definición y propósito. Un dispositivo de movilidad es un equipo informático diseñado para trasladarse y utilizarse sin depender de una ubicación fija. Su valor radica en la combinación de capacidad de proceso, almacenamiento, batería, interfaces de usuario y comunicaciones, lo que permite acceder a información, ejecutar aplicaciones y comunicarse en distintos entornos. Sin embargo, la movilidad no garantiza un funcionamiento ilimitado, ya que factores como la autonomía, la cobertura de red o las políticas de seguridad condicionan su uso efectivo.
Rasgos comunes. Portátiles, tablets y smartphones comparten características esenciales que los diferencian de los equipos de escritorio. La portabilidad es su principal ventaja, al integrar en una carcasa compacta componentes que en un puesto fijo suelen estar separados. La autonomía depende de la batería, cuya duración varía según la carga, el uso de la pantalla, las comunicaciones activas y el estado de la batería. La conectividad incluye tecnologías como Wi-Fi, Bluetooth, red celular o NFC, aunque no todos los modelos incorporan todas las opciones disponibles.
Interfaz y sensores. La interfaz de usuario se adapta al formato del dispositivo: los portátiles priorizan el teclado y el puntero, mientras que tablets y smartphones utilizan pantallas táctiles. Además, estos dispositivos incorporan sensores como cámaras, micrófonos, acelerómetros, giroscopios o sistemas de posicionamiento, que amplían sus funcionalidades pero también introducen riesgos de privacidad y seguridad. Estos sensores permiten, por ejemplo, la geolocalización o la autenticación biométrica, pero requieren configuraciones específicas para evitar accesos no autorizados.
Comparativa técnica. Los portátiles destacan por su capacidad de procesamiento, ideal para tareas administrativas o acceso a sistemas corporativos como el SIGP en el SAS. Las tablets, con un tamaño intermedio, son útiles para consultar historias clínicas o firmar documentos digitales, mientras que los smartphones se emplean para comunicaciones rápidas o consultas de alertas clínicas. En cuanto a almacenamiento, los portátiles suelen ofrecer mayor capacidad (hasta 2 TB), frente a los 64 GB-1 TB de tablets y smartphones. La seguridad también varía: los portátiles pueden incluir TPM o BitLocker, mientras que tablets y móviles priorizan cifrado hardware y autenticación biométrica.
Riesgos y medidas de protección. La facilidad de transporte aumenta los riesgos de pérdida, robo o daños físicos, así como la exposición a accesos no autorizados. Para mitigarlos, es fundamental combinar medidas organizativas y técnicas. La organización debe establecer inventarios, definir aplicaciones autorizadas y configurar métodos de autenticación, mientras que los usuarios deben proteger sus credenciales, evitar conexiones no seguras y comunicar incidencias. El bloqueo de pantalla, las actualizaciones y la gestión de aplicaciones son medidas complementarias que refuerzan la seguridad.
Uso en el SAS. En el ámbito sanitario, los dispositivos de movilidad facilitan la atención al paciente y la gestión administrativa. Los portátiles se emplean para acceder a sistemas corporativos desde consultas externas, las tablets permiten la firma digital de consentimientos informados, y los smartphones agilizan la comunicación entre profesionales. Cada dispositivo se adapta a necesidades específicas, optimizando la eficiencia sin comprometer la seguridad de los datos sensibles.
Limitaciones de la movilidad. Aunque estos dispositivos ofrecen flexibilidad, su uso está condicionado por factores como la autonomía limitada, la dependencia de redes externas o la necesidad de políticas de seguridad estrictas. La movilidad no implica omnipotencia: un equipo puede quedarse sin batería, perder cobertura o ser vulnerable en redes públicas. Por ello, es esencial planificar su uso considerando estas limitaciones y aplicando medidas preventivas.
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De opositor a opositor, Serafín.