Titulación mínima
Certificado de Escolaridad o equivalente y permiso de conducir de clase B.
Permiso de conducir de clase B en vigor.
Título oficial del programa: Principales riesgos laborales asociados al puesto de trabajo. Manipulación manual de cargas. Prevención de incendios. Planes de emergencia y evacuación. Gestión medioambiental: contribución de las tareas del/la celador/a-conductor/a al cuidado del medio ambiente. Conducción eficiente. Prevención y atención de agresiones de los profesionales en el SAS.
Definición de riesgo laboral. Los riesgos laborales asociados al puesto de celador-conductor en el SAS se definen como las condiciones inherentes a sus tareas que pueden ocasionar daños a su salud física o mental. Estos riesgos incluyen lesiones, enfermedades profesionales o alteraciones psicosociales, y se enmarcan en la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), que obliga a la Administración a garantizar una protección eficaz. El celador-conductor está expuesto a agentes físicos, químicos, biológicos, ergonómicos y psicosociales, derivados tanto del entorno sanitario como de la conducción y transporte de pacientes y materiales.
Funciones y exposición multifactorial. El puesto combina movilidad sanitaria (transporte de pacientes, muestras biológicas y documentos) con apoyo logístico en centros sanitarios. Esta dualidad expone al profesional a riesgos variados: desde la manipulación de cargas y posturas forzadas hasta la exposición a agentes biológicos o el estrés derivado de la conducción en situaciones de urgencia. La diversidad de tareas incrementa la complejidad de la prevención, requiriendo un enfoque integral que aborde cada ámbito de actuación.
Riesgos específicos de la conducción. El riesgo vial es uno de los más destacados, derivado de la conducción profesional en entornos urbanos e interurbanos, incluyendo situaciones de alta presión como traslados urgentes. El SAS debe garantizar la formación en conducción segura, la adecuación de los vehículos y el cumplimiento de los tiempos de conducción y descanso. Además, la exposición a vibraciones, posturas mantenidas y la carga y descarga de material incrementan el riesgo ergonómico, mientras que la turnicidad y la presión asistencial pueden generar riesgos psicosociales.
Riesgos biológicos y ergonómicos. El contacto con pacientes, fluidos biológicos, muestras analíticas y residuos sanitarios expone al celador-conductor a riesgos biológicos, regulados por el Real Decreto 664/1997. El uso de equipos de protección individual (EPI) y la formación en bioseguridad son obligatorios para minimizar este riesgo. Por otro lado, los riesgos ergonómicos derivan de la movilización de pacientes, la manipulación de camillas y sillas de ruedas, y las posturas forzadas durante la carga y descarga de material. La formación en técnicas de movilización correcta y el uso de equipos de apoyo son esenciales para prevenir lesiones musculoesqueléticas.
Riesgos psicosociales y organizativos. La organización del trabajo, incluyendo turnos rotatorios, nocturnidad, trabajo aislado y la presión por cumplir plazos de entrega, puede generar riesgos psicosociales. Estos riesgos se agravan en situaciones de urgencia o estrés institucional, donde el profesional debe tomar decisiones rápidas bajo presión. El SAS aborda estos riesgos mediante protocolos de actuación, formación en gestión del estrés y medidas organizativas que promuevan un entorno laboral saludable.
Competencias del Servicio de Prevención. La identificación, evaluación y control de los riesgos laborales del celador-conductor corresponde al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del SAS. Este servicio aplica medidas preventivas adaptadas a las características del puesto, incluyendo la formación continua, la vigilancia de la salud y la provisión de EPI. La evaluación de riesgos debe ser periódica y considerar tanto los riesgos inherentes a la conducción como aquellos derivados del entorno sanitario.
Protocolos y formación continua. El SAS desarrolla protocolos específicos para el celador-conductor, como el protocolo de conducción segura y defensiva, el protocolo de movilización ergonómica de pacientes y el protocolo de limpieza y desinfección del habitáculo tras traslados con riesgo biológico. La formación inicial y continua incluye cursos de conducción preventiva, simulacros de emergencia y actualización normativa, garantizando que el profesional esté preparado para actuar en situaciones de riesgo.
Has leído la base del tema. En la demo puedes convertirlo en preguntas justificadas de Celador Conductor y repasar tus fallos.
Probar demo gratis con preguntas de este temaMarco normativo. La manipulación manual de cargas en el SAS se regula principalmente por el Real Decreto 487/1997, que establece disposiciones mínimas de seguridad y salud para prevenir riesgos dorsolumbares. Esta normativa se complementa con la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales, que obliga al empleador a evaluar riesgos y adoptar medidas preventivas. El SAS integra estos requisitos en su Plan de Prevención de Riesgos Laborales, con protocolos específicos para el puesto de celador conductor.
Definición y alcance. La manipulación manual de cargas incluye cualquier operación de transporte o sujeción de una carga por parte de uno o varios trabajadores, como levantar, colocar, empujar, tirar o desplazar objetos o pacientes. En el caso del celador conductor, esta actividad se centra en la movilización de pacientes, camillas, sillas de ruedas y material sanitario, así como en la carga y descarga de vehículos.
Evaluación de riesgos. El SAS realiza evaluaciones específicas para identificar riesgos asociados a la manipulación manual de cargas. Estas evaluaciones analizan factores como el peso de la carga, la postura adoptada, la frecuencia de la manipulación, la distancia de desplazamiento y las características del entorno (suelos resbaladizos, espacios reducidos). La Guía Técnica del INSST proporciona criterios técnicos actualizados para esta evaluación, incluyendo límites de peso recomendados y métodos de análisis ergonómico.
Formación obligatoria. El SAS imparte formación práctica en técnicas de manipulación manual de cargas, dirigida a celadores conductores. Esta formación incluye métodos seguros para levantar y movilizar pacientes, el uso correcto de equipos auxiliares (grúas, camillas, sillas de ruedas) y la adopción de posturas que minimicen el esfuerzo físico. Además, se enfatiza la importancia de planificar la tarea, solicitar ayuda cuando sea necesario y evitar movimientos bruscos o torsiones del tronco.
Medidas preventivas. Para reducir los riesgos, el SAS implementa medidas como la mecanización de tareas (uso de grúas o elevadores), la organización del trabajo (distribución de cargas, rotación de tareas) y la adaptación del entorno (señalización, mantenimiento de vías de circulación). También se promueve el uso de equipos de protección individual (EPIs), como calzado antideslizante o fajas lumbares, cuando la evaluación de riesgos lo justifique.
Vigilancia de la salud. El SAS realiza reconocimientos médicos periódicos para detectar patologías relacionadas con la manipulación manual de cargas, como lesiones musculoesqueléticas o problemas dorsolumbares. Estos reconocimientos permiten identificar trabajadores con mayor vulnerabilidad y adoptar medidas preventivas personalizadas, como la reubicación temporal o la adaptación de tareas.
Responsabilidades del trabajador. El celador conductor debe seguir las instrucciones recibidas en materia de prevención, utilizar correctamente los equipos y EPIs proporcionados, y comunicar cualquier situación de riesgo a sus superiores o al Servicio de Prevención. La colaboración activa del trabajador es esencial para garantizar la eficacia de las medidas preventivas.
Marco normativo. La prevención de incendios en el SAS se sustenta en normativas estatales como el Real Decreto 393/2007 (Norma Básica de Autoprotección) y el Real Decreto 1942/1993 (Reglamento de Instalaciones de Protección contra Incendios). Estas normas establecen los requisitos mínimos para la protección contra incendios en edificios, incluyendo centros sanitarios, y exigen la elaboración de planes de autoprotección con medidas preventivas y protocolos de actuación.
Normativa autonómica. En Andalucía, el Decreto 246/2005 desarrolla la normativa estatal y añade requisitos específicos para centros sanitarios, como inspecciones periódicas por organismos autorizados y la obligatoriedad de realizar simulacros anuales en instalaciones con más de 500 ocupantes. Además, el Plan de Emergencia Exterior de Andalucía (Decreto 147/2019) coordina la respuesta ante emergencias que puedan afectar a centros sanitarios, como incendios forestales cercanos.
Plan de Autoprotección del SAS. El SAS dispone de un Modelo de Plan de Autoprotección disponible en su web institucional, que sirve como referencia para los centros sanitarios andaluces. Este documento incluye directrices para la identificación de riesgos, la organización de equipos de emergencia y la coordinación con los servicios de bomberos. Además, algunas Áreas de Gestión Sanitaria, como el AGS Jerez, han publicado manuales que detallan los protocolos de actuación y las medidas preventivas específicas.
Formación y difusión. La normativa exige la formación del personal en prevención, detección y actuación ante incendios, así como en evacuación. Esta formación se complementa con la difusión escrita del plan de autoprotección y la colocación de resúmenes visibles con las actuaciones inmediatas en caso de incendio. El objetivo es garantizar que todo el personal, incluidos los celadores-conductores, conozca sus funciones y los protocolos a seguir.
Rol del celador-conductor. Los celadores-conductores del SAS desempeñan un papel clave en la prevención y gestión de incendios. Sus responsabilidades incluyen colaborar en la evacuación de pacientes, garantizar el acceso de los servicios de emergencia y participar en simulacros. Además, deben conocer las rutas de evacuación y las medidas de seguridad específicas de los centros sanitarios, como la señalización y la ubicación de extintores.
Medidas preventivas en áreas críticas. En centros sanitarios, áreas como almacenes o zonas con pacientes fumadores requieren medidas preventivas específicas. Los almacenes deben contar con compartimentación ignífuga (paredes RF-120), control de acceso y sistemas de detección temprana. Para los pacientes fumadores, se habilitan zonas señalizadas con ceniceros ignífugos y se realizan campañas de concienciación para evitar incendios en áreas no autorizadas.
Señalización de seguridad. La señalización es un elemento fundamental en la prevención de incendios. El Real Decreto 485/1997 regula las señales de seguridad, que incluyen indicaciones de prohibición, advertencia, obligación, salvamento y equipos contra incendios. Estas señales deben estar visibles y correctamente ubicadas para facilitar la evacuación y el uso de medios de protección en caso de emergencia.
Marco normativo e institucional. Los planes de emergencia y evacuación en los centros sanitarios del SAS se rigen por un marco normativo jerarquizado que combina disposiciones estatales, autonómicas y sectoriales. Este marco garantiza la coherencia y la adaptación a las necesidades específicas de cada instalación, asegurando una respuesta organizada ante situaciones de riesgo.
Documento Técnico SAS DOC18-01. El SAS ha desarrollado el Documento Técnico SAS DOC18-01, titulado "Modelo de Plan de Autoprotección para Centros Sanitarios", que establece un marco homogéneo para la elaboración de estos planes. Este documento incluye la estructura tipo del plan, los procedimientos para la identificación y evaluación de riesgos, y los protocolos de actuación ante emergencias como incendios, amenazas de bomba o fugas de gases.
Equipos de emergencia. El DOC18-01 detalla los criterios para la designación de equipos de emergencia, que incluyen el equipo de alarma y evacuación, el equipo de primeros auxilios y el equipo de lucha contra incendios. Estos equipos están compuestos por personal formado y capacitado para actuar de manera coordinada durante una emergencia.
Protocolo de evacuación de pacientes. El SAS ha desarrollado un protocolo específico para la evacuación de pacientes encamados, que no pueden desplazarse por sí mismos. Este protocolo incluye el uso de camillas, mantas de arrastre y técnicas de movilización en bloque, garantizando la seguridad tanto de los pacientes como del personal sanitario.
Coordinación con el 112. El SAS tiene establecido un protocolo de comunicación con el 112 Andalucía para asegurar una respuesta rápida y eficiente ante emergencias. Este protocolo designa un interlocutor único en cada centro sanitario, que actúa como enlace con los servicios externos, facilitando la coordinación y la transmisión de información crítica.
Formación y simulacros. La formación del personal y la realización de simulacros periódicos son requisitos fundamentales para la implantación efectiva de los planes de emergencia. Estos ejercicios permiten evaluar la eficacia de los protocolos, identificar áreas de mejora y garantizar que todo el personal conoce sus funciones y responsabilidades durante una emergencia.
Clasificación de emergencias. El "Manual de Emergencias en Edificios Públicos" de la Junta de Andalucía clasifica las emergencias en tres niveles: conato (incidente controlable con medios propios), emergencia parcial (requiere activación de parte del plan) y emergencia general (necesita la intervención de servicios externos). Esta clasificación determina el nivel de respuesta y los recursos a movilizar.
Funciones del celador-conductor. Los celadores-conductores desempeñan un papel clave en los planes de emergencia del SAS. Sus funciones incluyen la detección y alarma de emergencias, la asistencia en la evacuación de pacientes, el transporte de material sanitario y la coordinación con servicios externos. Además, deben conocer las vías de evacuación, los puntos de encuentro y el manejo de equipos de protección individual (EPI).
Definición y alcance. La gestión medioambiental en el Servicio Andaluz de Salud (SAS) comprende el conjunto de políticas, procedimientos y prácticas orientadas a reducir el impacto ambiental de su actividad. Este enfoque abarca desde la generación de residuos sanitarios peligrosos hasta el consumo de recursos energéticos y la movilidad asociada a la flota de vehículos. Su finalidad es garantizar la sostenibilidad, el cumplimiento normativo y la protección de la salud pública y el entorno natural.
Ejes de contribución. Para el celador-conductor, la contribución al cuidado del medio ambiente se articula en dos ejes principales. El primero es la gestión de residuos, que incluye la clasificación, manipulación y transporte de los residuos generados en los centros sanitarios. El segundo eje es la conducción eficiente y el mantenimiento de vehículos, que busca optimizar el uso de recursos como el combustible y reducir las emisiones contaminantes asociadas a la movilidad profesional.
Responsabilidad activa. La labor del celador-conductor no se limita a un cumplimiento pasivo de normas, sino que implica una participación activa en la aplicación de medidas concretas. Entre sus funciones destacan la segregación en origen de residuos, la trazabilidad de residuos peligrosos y la reducción de emisiones durante el transporte. Actúa como enlace entre los puntos de generación, como unidades asistenciales o laboratorios, y los sistemas de gestión ambiental del centro.
Conducción eficiente. El SAS, como entidad con una flota de vehículos significativa, promueve la conducción eficiente como parte de su estrategia de sostenibilidad. Esta práctica no solo reduce el consumo de combustible y las emisiones, sino que también forma parte de los objetivos de descarbonización del sistema sanitario público andaluz. El celador-conductor debe aplicar técnicas de conducción que optimicen el rendimiento del vehículo y minimicen su impacto ambiental.
Marco normativo. La gestión medioambiental en el SAS se enmarca en normativas europeas, estatales y autonómicas, como el Reglamento (CE) 715/2007, el Reglamento (UE) 2018/858 y el Real Decreto 920/2017 sobre inspecciones técnicas de vehículos. Estas normas establecen requisitos para la reducción de emisiones y la eficiencia en el uso de recursos, que el celador-conductor debe conocer y aplicar en su día a día.
Movilidad sostenible. El SAS impulsa la movilidad sostenible a través de iniciativas como la Mesa Técnica de Movilidad, creada en 2024. Esta estrategia busca reducir el impacto ambiental del transporte sanitario y del personal, alineándose con los principios de economía circular y sostenibilidad. La conducción eficiente es una pieza clave en este enfoque, ya que contribuye a la reducción de la huella de carbono de la flota sanitaria.
Impacto en los ODS. Las tareas del celador-conductor en materia de gestión medioambiental se vinculan directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. En particular, su labor contribuye al ODS 12 (Producción y consumo responsables) y al ODS 13 (Acción por el clima), reforzando el compromiso del SAS con la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa.
Definición y alcance. La conducción eficiente consiste en aplicar técnicas de conducción que minimizan el consumo de combustible y el desgaste mecánico, sin comprometer la seguridad ni la eficacia del servicio. En el ámbito sanitario, estas técnicas son especialmente relevantes debido a la necesidad de garantizar traslados rápidos y seguros, sin incurrir en costes innecesarios o impactos ambientales evitables.
Beneficios económicos. La adopción de estas técnicas permite al SAS reducir el consumo de combustible entre un 10% y un 25%, lo que se traduce en un ahorro significativo en los presupuestos destinados a la flota sanitaria. Además, disminuye el desgaste de componentes críticos como frenos, embrague y motor, alargando la vida útil de los vehículos y reduciendo los costes de mantenimiento. Estos ahorros pueden reinvertirse en la mejora de otros servicios sanitarios.
Impacto ambiental. La conducción eficiente contribuye a la reducción de emisiones de CO₂ en hasta un 25%, así como de otros contaminantes locales como óxidos de nitrógeno (NOx), partículas y monóxido de carbono (CO). Esto mejora la calidad del aire en las zonas urbanas y periurbanas donde operan los vehículos sanitarios, alineándose con los objetivos de sostenibilidad del SAS y la Junta de Andalucía. La disminución de la huella de carbono es un compromiso institucional que refuerza la responsabilidad social del servicio público.
Seguridad vial. Una conducción más suave y predecible reduce el riesgo de accidentes, ya que el conductor mantiene una mayor distancia de seguridad y anticipa mejor los imprevistos. La reducción del estrés al volante mejora el confort del celador-conductor y de los ocupantes, incluyendo a los pacientes, lo que es especialmente importante en traslados de urgencia. La formación en seguridad vial laboral complementa estas técnicas, abordando riesgos específicos asociados a la conducción de vehículos sanitarios en condiciones de emergencia.
Formación y sensibilización. El SAS impulsa la formación continua de sus celadores-conductores mediante cursos específicos basados en el Manual de Conducción Eficiente de la DGT y el IDAE. Estos cursos combinan módulos teóricos con ejercicios prácticos en circuito cerrado, permitiendo a los profesionales aplicar las técnicas en un entorno controlado. Además, se realizan campañas de sensibilización para destacar los beneficios de la conducción eficiente y se instalan sistemas de monitorización del consumo en los vehículos, que emiten alertas ante patrones ineficientes.
Integración con la gestión medioambiental. La conducción eficiente es una de las principales contribuciones del celador-conductor al cuidado del medio ambiente. Al reducir el consumo de carburante y las emisiones, se alinea con las políticas de gestión medioambiental del SAS, que incluyen la optimización de recursos y la minimización del impacto ecológico de sus actividades. Esta práctica forma parte de un enfoque integral que abarca desde el mantenimiento de los vehículos hasta la planificación de rutas.
Protocolos y normativa. Aunque la conducción eficiente no está regulada de manera específica en la normativa de tráfico, su aplicación se enmarca en el Reglamento General de Circulación y en la Ley de Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, que exigen una conducción responsable y respetuosa con el medio ambiente. El SAS incorpora estas técnicas en sus protocolos internos, reforzando su compromiso con la eficiencia y la sostenibilidad en el transporte sanitario.
Marco conceptual. La prevención y atención de agresiones en el SAS comprende el conjunto de estrategias, protocolos y medidas diseñadas para proteger a los profesionales de agresiones por parte de usuarios, familiares o terceros. Este ámbito no se limita a agresiones físicas, sino que incluye también verbales, psicológicas, sexuales y cibernéticas, abarcando desde insultos y amenazas hasta acoso digital o chantaje emocional.
Plan de Prevención y Atención frente a Agresiones (2020). Este plan, aprobado por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, es el documento de referencia para el SAS. Su ámbito de aplicación incluye todos los centros sanitarios de la comunidad, como hospitales, centros de salud y dispositivos de urgencias. El plan se estructura en tres ejes: prevención (medidas organizacionales, formativas y tecnológicas), actuación (protocolo unificado ante agresiones) y seguimiento (evaluación de incidentes y mejora continua).
Objetivos estratégicos. El plan establece metas concretas, como reducir la incidencia de agresiones en un 30% para 2025 y mejorar la percepción de seguridad de los profesionales. Además, busca garantizar una respuesta institucional homogénea en toda Andalucía, evitando disparidades entre centros o áreas geográficas. Para ello, se definen indicadores de evaluación, como el número de agresiones registradas por centro, el porcentaje de profesionales formados o el tiempo de respuesta ante incidentes.
Protocolo de actuación. El SAS desarrolla un protocolo unificado que detalla los pasos a seguir ante una agresión. Este incluye la activación inmediata de medidas de protección, la comunicación del incidente a los mandos intermedios y la atención al profesional afectado. El protocolo también contempla el acompañamiento psicológico y la asistencia legal, así como la posibilidad de restringir el acceso a personas que alteren el orden o agredan al personal, según lo establecido en el artículo 13 de la normativa autonómica.
Formación y sensibilización. La formación de los profesionales es un pilar clave del plan. Se imparten cursos sobre detección de situaciones de riesgo, técnicas de comunicación asertiva y manejo de conflictos. Además, se promueve la sensibilización sobre la importancia de notificar todos los incidentes, incluso aquellos que puedan parecer menores, para garantizar un registro preciso y una respuesta adecuada.
Medidas tecnológicas y organizacionales. El SAS implementa herramientas tecnológicas, como sistemas de alerta rápida o cámaras de vigilancia, para prevenir agresiones. A nivel organizacional, se refuerzan los equipos de seguridad y se establecen circuitos de comunicación ágiles entre profesionales, mandos intermedios y servicios de prevención. Estas medidas buscan reducir el tiempo de respuesta y mejorar la coordinación ante incidentes.
Prevención terciaria. Tras una agresión, el plan contempla medidas de apoyo al profesional afectado, como atención psicológica, acompañamiento durante el proceso judicial y facilitación de la reincorporación laboral. El objetivo es reparar el daño causado y garantizar que el profesional se sienta respaldado por la institución en todo momento.
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De opositor a opositor, Serafín.