Titulación mínima
Título de Técnico (Formación Profesional de Grado Medio), ESO, FP1, Graduado Escolar, Bachiller elemental, Certificado de Estudios Primarios anterior al curso 1975-1976 o equivalente.
Título oficial del programa: Los Sistemas Informáticos. Conceptos básicos, estructura, manejo, componentes, clasificación, codificación y almacenamiento de la información. El ordenador. Hardware, estructura funcional de un ordenador, componentes físicos y periféricos. Software, soporte lógico de un ordenador, componentes y sistemas operativos. Mantenimiento básico de los ordenadores. Nociones básicas de seguridad informática y seguridad de la información (amenazas y riesgos cibernéticos, sistema de prevención y detección de intrusos, mecanismos de protección y técnicas de seguridad). Conceptos básicos de dispositivos de movilidad.
Definición y alcance. Un sistema informático es un conjunto organizado de componentes interrelacionados que trabajan de forma coordinada para recopilar, procesar, almacenar y distribuir información. No se limita a un ordenador aislado, sino que abarca infraestructuras físicas, programas, redes y personas. En el ámbito del SAS, su función es crítica para la atención al ciudadano, la gestión de citas o la historia clínica electrónica, como el sistema Diraya.
Componentes fundamentales. Todo sistema informático se estructura en tres pilares: hardware (elementos físicos como CPU, memoria o periféricos), software (programas, sistemas operativos y aplicaciones) y el componente humano (usuarios, técnicos y administradores). Estos elementos interactúan para garantizar el flujo de información, desde la entrada de datos hasta su procesamiento y salida.
Ciclo de tratamiento de la información. El modelo PIAE (Procesamiento, Almacenamiento, Entrada y Salida) describe las fases por las que pasa la información en un sistema informático. La entrada recoge datos mediante dispositivos como teclados o escáneres; el procesamiento los transforma en información útil; el almacenamiento los guarda en soportes físicos o lógicos; y la salida los presenta al usuario a través de pantallas, impresoras u otros periféricos.
Clasificaciones principales. Los sistemas informáticos se clasifican según su tamaño (supercomputadoras, mainframes, microcomputadoras), su arquitectura (cliente-servidor, capas) o su uso (propósito general o específico). En el SAS, predominan arquitecturas en capas y sistemas de propósito específico, como los destinados a la receta electrónica o la atención al ciudadano (SAC).
Interoperabilidad y normativa. La capacidad de los sistemas para intercambiar información de manera efectiva se denomina interoperabilidad, y se regula en tres niveles: técnico (protocolos de comunicación), semántico (significado de los datos) y organizativo (procesos alineados). Normativas como el Esquema Nacional de Interoperabilidad (ENI) y el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) establecen los requisitos para garantizarla en el sector público.
Aplicación en el SAS. En el Servicio Andaluz de Salud, los sistemas informáticos soportan procesos clave como la historia clínica electrónica (Diraya), la gestión de citas previas o la infraestructura de red. Estos sistemas deben cumplir con estándares de seguridad y protección de datos, como los establecidos en el RGPD y la Ley Orgánica 3/2018, para asegurar la confidencialidad y la integridad de la información sanitaria.
Límites y responsabilidades. Los usuarios, como los telefonistas del SAS, deben manejar estos sistemas respetando los perfiles de acceso, la trazabilidad de las acciones y la confidencialidad de los datos. Su uso está orientado a consultar, comunicar y orientar, siempre dentro de los límites establecidos para garantizar la continuidad asistencial y administrativa.
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Probar demo gratis con preguntas de este temaInformación en el SAS. En el Servicio Andaluz de Salud, la información se estructura en torno a sistemas corporativos como Diraya (historia clínica electrónica), Receta XXI (prescripción electrónica) y ClicSalud+ (portal de salud). Estos sistemas gestionan datos de salud, considerados categorías especiales de datos personales según el artículo 9 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Su manejo requiere medidas técnicas reforzadas para garantizar confidencialidad, integridad y disponibilidad.
Estructura y componentes. La información se organiza en ficheros, bases de datos y documentos electrónicos, cada uno con una estructura definida. Por ejemplo, la historia clínica en Diraya sigue un formato estandarizado que incluye datos demográficos, diagnósticos, tratamientos y evoluciones. Los componentes básicos de la información son los datos (valores brutos), la metainformación (datos sobre los datos, como fechas o autores) y los formatos (PDF, XML, JSON, etc.).
Codificación de la información. La codificación es el proceso de representar la información en un formato legible por sistemas informáticos. En el SAS, se utiliza principalmente UTF-8, un estándar de codificación de caracteres que evita problemas de visualización, como la incorrecta representación de acentos o la "ñ". La codificación incorrecta puede generar errores en documentos antiguos o en sistemas no actualizados, afectando a la comunicación con pacientes o entre profesionales.
Unidades de almacenamiento. La capacidad de almacenamiento se mide en unidades binarias, como mebibytes (MiB) o gibibytes (GiB), en lugar de las unidades decimales tradicionales (MB o GB). Esta distinción es relevante para el telefonista, ya que los límites de ficheros adjuntos en correos electrónicos o la capacidad real de un disco duro (que suele mostrar menos espacio del anunciado) dependen de esta diferencia. Por ejemplo, un disco de "1 TB" puede mostrar solo 931 GiB de espacio usable debido a la conversión entre sistemas de medida.
Clasificación de la información. En el SAS, la información se clasifica según su naturaleza y sensibilidad. Los datos clínicos (historias clínicas, resultados de pruebas) son los más sensibles y requieren mayores niveles de protección. Los datos administrativos (citas, facturación) y de gestión (recursos humanos, logística) también están sujetos a normativas, pero con requisitos distintos. Esta clasificación determina las medidas de seguridad aplicables, como el cifrado o el acceso restringido.
Almacenamiento y seguridad. El almacenamiento de la información en el SAS debe cumplir con el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) y el RGPD. Esto implica el uso de sistemas seguros, copias de seguridad periódicas y protocolos de acceso controlado. Los datos de salud, al ser especialmente sensibles, requieren medidas adicionales, como el cifrado de extremo a extremo y la auditoría de accesos. El telefonista debe conocer estos principios para manejar la información de forma responsable y segura.
Manejo práctico. Para el telefonista del SAS, el manejo de la información incluye tareas como la generación de documentos administrativos (notas internas, comunicados), la gestión de citas mediante hojas de cálculo o sistemas específicos, y la resolución de problemas básicos de codificación o capacidad. Por ejemplo, al adjuntar ficheros en correos electrónicos, debe respetar los límites de tamaño y verificar que los documentos se visualicen correctamente en distintos dispositivos.
Definición y alcance. Un ordenador es una máquina programable diseñada para procesar información de manera automatizada. Según estándares técnicos como la ISO/IEC 2382, su función principal es recibir datos, ejecutar instrucciones almacenadas y generar resultados. Esta definición no implica que todas sus operaciones sean autónomas, sino que actúa como núcleo físico de sistemas más complejos.
Diferenciación conceptual. Es fundamental distinguir entre tres conceptos relacionados pero distintos: el ordenador como máquina física programable, el hardware como conjunto de componentes físicos que lo constituyen, y el sistema informático, que integra hardware, software, datos, personas y procedimientos. El ordenador, por sí solo, no es un sistema informático completo, sino una parte esencial de él.
Propiedades fundamentales. La utilidad del ordenador se basa en tres características clave: es electrónico, lo que le permite procesar señales a alta velocidad; es digital, representando la información en código binario (bits); y es programable, lo que significa que su comportamiento puede modificarse cargando distintos programas en memoria sin necesidad de alterar su hardware físico.
Clasificación por tamaño y capacidad. Los ordenadores se clasifican según su potencia y uso en: supercomputadoras (para tareas complejas como simulaciones epidemiológicas), mainframes (para gestionar grandes volúmenes de datos en centros sanitarios), minicomputadoras (usadas en departamentos específicos como laboratorios), microcomputadoras (ordenadores personales para usuarios finales), estaciones de trabajo (para tareas técnicas como radiología) y terminales ligeros (dispositivos dependientes de servidores centrales, comunes en atención al público).
Aplicación en el SAS. En el Servicio Andaluz de Salud, los ordenadores son herramientas esenciales para la gestión diaria. Los PCs con Windows son los más utilizados por personal administrativo y telefonistas, conectados a la red corporativa para acceder a sistemas de citas, historia clínica electrónica (como Diraya) o herramientas ofimáticas. Los terminales ligeros son frecuentes en entornos donde prima la seguridad y el control centralizado.
Relación con el sistema informático. El ordenador actúa como núcleo físico dentro de un sistema informático más amplio. Su correcto funcionamiento depende de la interacción con el software, los periféricos y los usuarios. En el SAS, esta integración garantiza la interoperabilidad entre centros sanitarios, la trazabilidad de procesos y la eficiencia en la atención al ciudadano.
Limitaciones y precisión terminológica. No debe confundirse el ordenador con el sistema de información completo. Mientras el ordenador es el equipo físico, el sistema informático incluye además el software, los datos, los procedimientos y el componente humano. Esta distinción es crucial para entender su papel en entornos organizativos como el SAS.
Definición y alcance del hardware. El hardware se define como el conjunto de componentes físicos que permiten al ordenador realizar funciones básicas: procesar datos, almacenarlos, comunicarlos y presentarlos. Incluye tanto el hardware principal (CPU, memoria, almacenamiento) como el hardware complementario (periféricos). Su estudio se centra en elementos con utilidad práctica para el usuario, descartando aquellos sin relevancia funcional en el puesto de trabajo.
Estructura funcional según von Neumann. La arquitectura funcional de un ordenador se basa en el modelo de von Neumann, que distingue cinco componentes esenciales: la Unidad Central de Procesamiento (CPU), la memoria principal, las unidades de entrada, las unidades de salida y el almacenamiento masivo. Estos elementos se interconectan mediante buses (de datos, direcciones y control), que facilitan la transferencia de información entre ellos.
Componentes críticos del hardware. La CPU actúa como el cerebro del ordenador, integrando la Unidad de Control (UC), la ALU (Unidad Aritmético-Lógica), registros y memoria caché. La placa base sirve como soporte físico para estos componentes, alojando también el chipset, la BIOS/UEFI y los slots de expansión. La memoria RAM almacena temporalmente los datos en ejecución, mientras que la memoria ROM guarda el firmware necesario para el arranque del sistema.
Almacenamiento y alimentación. El almacenamiento masivo incluye dispositivos como discos duros (HDD), unidades de estado sólido (SSD) y soluciones híbridas (SSHD), que permiten guardar datos de forma permanente. La fuente de alimentación (PSU) convierte la corriente alterna en continua, garantizando el suministro eléctrico estable. En entornos profesionales como el SAS, se priorizan fuentes con certificaciones de eficiencia, como la norma 80 PLUS.
Periféricos y su clasificación. Los periféricos se dividen en tres categorías según su función: entrada (teclado, ratón, escáner), salida (monitor, impresora, altavoces) y mixtos (pantallas táctiles, discos externos). En el ámbito sanitario, destacan dispositivos como teléfonos IP o sistemas de comunicación VoIP, que integran funciones de entrada y salida para facilitar la interacción con los sistemas de información.
Limitaciones y buenas prácticas. El personal usuario debe evitar manipular componentes internos, limitándose a describir síntomas físicos de incidencias (ej.: una impresora que no responde). La intervención técnica corresponde exclusivamente al soporte especializado, garantizando la trazabilidad y la protección de datos. En el SAS, esta premisa asegura la continuidad operativa y minimiza riesgos asociados a manipulaciones no autorizadas.
Aplicación en el entorno del SAS. El hardware en el Servicio Andaluz de Salud debe adaptarse a las necesidades de los puestos de trabajo, priorizando periféricos críticos como impresoras o pantallas. La descripción de incidencias debe ser precisa, evitando atribuir al usuario tareas técnicas que excedan su competencia. Esta aproximación funcional garantiza la eficiencia y la seguridad en el manejo de los equipos.
Definición de software. El software, también denominado soporte lógico, comprende los programas, procedimientos, reglas y documentación asociada que permiten realizar tareas en un sistema informático. Según la norma internacional ISO/IEC 2382:2015, esta definición está normalizada y se diferencia explícitamente del hardware, que constituye la parte física del ordenador. El CCN-STIC 401 del Centro Criptológico Nacional recoge una definición equivalente en español, incluyendo programas, rutinas, datos y documentación necesaria para el funcionamiento del sistema.
Función del software. El software actúa como intermediario entre el usuario y el hardware, traduciendo las órdenes humanas a lenguaje máquina que el procesador puede ejecutar. Sin software, un ordenador no podría realizar operaciones básicas como iniciar el sistema, gestionar periféricos o ejecutar aplicaciones. Esta relación de complementariedad se conoce como dicotomía hardware-software, donde ambos elementos son indispensables para el funcionamiento del sistema informático.
Clasificación del software. Tradicionalmente, el software se divide en tres categorías principales. El software de sistema gestiona los recursos del hardware y proporciona servicios básicos a otros programas. El software de programación incluye herramientas para desarrollar, depurar y mantener aplicaciones. Finalmente, el software de aplicación permite a los usuarios realizar tareas específicas, como procesamiento de textos, gestión de bases de datos o navegación web.
Sistema operativo. El sistema operativo es el programa principal que controla y coordina el uso del hardware entre los distintos programas. Sus funciones clave incluyen la gestión de procesos, la gestión de memoria, la gestión de archivos y la gestión de dispositivos mediante controladores. Además, proporciona una interfaz de usuario que facilita la comunicación entre el usuario y el ordenador, ya sea mediante interfaz gráfica o línea de comandos.
Ejemplos de sistemas operativos. Entre los sistemas operativos más utilizados destacan Windows, desarrollado por Microsoft y ampliamente implantado en entornos empresariales y sanitarios. macOS, de Apple, destaca por su integración con el ecosistema Apple y su enfoque en diseño y seguridad. Linux, de código abierto, cuenta con distribuciones populares como Ubuntu, orientada a usuarios finales, y Debian, utilizada en servidores. Cada sistema operativo tiene características específicas que determinan su uso en distintos contextos.
Componentes del sistema operativo. El sistema operativo gestiona la memoria RAM y el espacio de intercambio (swap), asignando recursos a los procesos en ejecución. También organiza y controla el acceso a los datos almacenados en dispositivos de almacenamiento, como discos duros o SSD. Otra función esencial es la seguridad y control de acceso, autenticando usuarios y gestionando permisos para garantizar la protección de la información.
Importancia en entornos profesionales. En el ámbito del Servicio Andaluz de Salud (SAS), el software desempeña un papel crítico en la gestión sanitaria, la atención al paciente y la administración de recursos. Los sistemas operativos y las aplicaciones utilizadas deben garantizar la eficiencia, la seguridad y la continuidad asistencial, alineándose con normativas como el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) y el Plan de Transformación Digital de la Junta de Andalucía.
Política de actualizaciones. En el Servicio Andaluz de Salud, los ordenadores reciben actualizaciones automáticas de seguridad y parches críticos gestionados centralmente por los servicios de TI. Estas actualizaciones incluyen sistemas operativos, navegadores, suites ofimáticas y software antivirus, priorizando aquellos que mitigan vulnerabilidades conocidas. La gestión centralizada asegura que todos los equipos cumplan con los estándares de seguridad establecidos, evitando brechas por obsolescencia o configuraciones inadecuadas.
Mantenimiento preventivo. El SAS establece calendarios de mantenimiento preventivo para garantizar el correcto funcionamiento de los equipos. Este incluye la limpieza física de componentes en zonas de alto tráfico, como mostradores de atención al usuario, para evitar acumulación de polvo y sobrecalentamiento. También se realizan análisis antivirus periódicos y comprobaciones de integridad de los discos duros. Los equipos críticos, como terminales de gestión de citas, pueden tener protocolos más estrictos, con revisiones más frecuentes.
Limpieza y conservación. La limpieza física de los ordenadores es una tarea básica pero esencial. Se recomienda utilizar productos específicos para equipos electrónicos, evitando líquidos que puedan dañar los componentes. Las pantallas, teclados y ratones deben limpiarse regularmente para prevenir la acumulación de suciedad y bacterias, especialmente en entornos sanitarios. Además, se debe verificar que los equipos estén ubicados en espacios con buena ventilación y alejados de fuentes de calor o humedad.
Copias de seguridad. La realización de copias de seguridad es una práctica fundamental para proteger la información crítica. En el SAS, los usuarios deben asegurarse de que los datos de su área, como registros de llamadas o citas, se guarden en ubicaciones seguras y se realicen copias de seguridad según la política corporativa. Es responsabilidad del personal verificar que estas copias se completen correctamente y estén accesibles en caso de fallos o pérdidas de datos.
Gestión de incidencias. Las incidencias en los ordenadores se registran en sistemas de gestión de tickets, como GLPI o ServiceNow, utilizados en la administración pública. Este proceso permite documentar el problema, asignar prioridades y realizar un seguimiento hasta su resolución. Los usuarios deben proporcionar información clara y detallada para facilitar el diagnóstico, incluyendo mensajes de error, pasos para reproducir el fallo y capturas de pantalla si es necesario.
Colaboración del usuario. Los usuarios del SAS tienen un papel activo en el mantenimiento básico de los ordenadores. Además de reportar incidencias, deben colaborar en la protección de los equipos evitando la instalación de software no autorizado o la descarga de archivos de fuentes no seguras. También es importante cerrar sesión al abandonar el puesto de trabajo para prevenir accesos no autorizados y cumplir con las políticas de seguridad establecidas.
Cumplimiento normativo. El mantenimiento de los ordenadores en el SAS se enmarca en directrices como el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) y las políticas internas de la organización. Esto implica utilizar únicamente software autorizado, evitar la instalación de aplicaciones no aprobadas y seguir protocolos de seguridad para proteger la información sensible. El incumplimiento de estas normas puede comprometer la integridad de los sistemas y la confidencialidad de los datos.
Importancia de la seguridad informática en el SAS. En el ámbito sanitario, la seguridad de los sistemas de información es crítica debido a la sensibilidad de los datos manejados, como historias clínicas, datos personales de pacientes e información administrativa. El SAS, como entidad pública, debe garantizar la confidencialidad, integridad y disponibilidad de estos datos, cumpliendo con normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley Orgánica 3/2018 [8].
Amenazas cibernéticas más frecuentes. Entre las principales amenazas a las que se enfrenta el SAS destacan el phishing, que consiste en engañar a los usuarios para obtener información confidencial; el ransomware, que cifra los datos y exige un rescate para su liberación; y los accesos no autorizados, que pueden comprometer la privacidad de los pacientes. Estas amenazas pueden tener consecuencias graves, como la interrupción de servicios sanitarios o la filtración de datos sensibles [8].
Mecanismos de protección básicos. Para mitigar estos riesgos, el SAS implementa medidas técnicas y organizativas, como la autenticación fuerte, que requiere múltiples factores para acceder a los sistemas; el cifrado de datos, que protege la información durante su transmisión y almacenamiento; y las copias de seguridad, que permiten recuperar los datos en caso de pérdida o ataque. Además, se emplean sistemas de monitorización continua para detectar actividades sospechosas [3].
Sistema de prevención y detección de intrusos. El SAS cuenta con un SOC (Security Operations Center) que opera las 24 horas del día para supervisar los sistemas y detectar posibles intrusiones. Este centro utiliza herramientas avanzadas de análisis de tráfico y comportamiento para identificar patrones anómalos y responder de manera inmediata. La detección temprana de incidentes es clave para minimizar su impacto y garantizar la continuidad de los servicios [1].
Responsabilidades de los profesionales. Todos los empleados del SAS, incluidos los telefonistas, tienen la obligación de cumplir con las normas de seguridad establecidas en la Política de Seguridad TIC del SAS, aprobada por la Resolución de 8 de abril de 2021. Esto incluye el uso responsable de credenciales, la protección de la información y la notificación inmediata de cualquier incidente de seguridad. La formación en ciberseguridad es un requisito fundamental para concienciar a los profesionales sobre los riesgos y las buenas prácticas [3].
Plan de Continuidad de Negocio (PCN). El SAS dispone de un Plan de Continuidad de Negocio que incluye protocolos de recuperación ante incidentes graves, como ciberataques o fallos técnicos. Este plan establece centros de respaldo y procedimientos para restaurar los sistemas en el menor tiempo posible, asegurando que los servicios sanitarios no se vean interrumpidos. La existencia de este plan refleja la importancia que el SAS otorga a la resiliencia de sus sistemas [1].
Formación y concienciación. El SAS ofrece cursos de competencias digitales y ciberseguridad para su plantilla, con el objetivo de mejorar el conocimiento sobre amenazas y medidas de protección. Estos cursos abordan temas como la identificación de correos fraudulentos, el uso seguro de contraseñas y la gestión de incidentes. La formación continua es esencial para adaptarse a las nuevas amenazas y garantizar un entorno digital seguro [1].
Definición y características. Los dispositivos de movilidad son equipos informáticos portátiles que permiten trabajar, comunicar y acceder a información desde distintos lugares. Se distinguen por combinar cuatro rasgos fundamentales: portabilidad real (batería y tamaño reducido), conectividad inalámbrica como modo principal de red, sensores integrados (pantalla táctil, GPS, cámara, acelerómetro) y un sistema operativo móvil específico, como Android o iOS.
Diferenciación con otros dispositivos. A diferencia de los ordenadores de sobremesa o portátiles convencionales, estos dispositivos priorizan la movilidad y la adaptabilidad a entornos no fijos. No deben confundirse con sistemas embebidos o equipos especializados, ya que mantienen un equilibrio entre funcionalidad y facilidad de transporte, permitiendo su manejo con una sola mano o en un bolso.
Uso en el ámbito sanitario. En el Servicio Andaluz de Salud (SAS), los dispositivos de movilidad son herramientas clave para el personal sanitario. Se utilizan para acceder a aplicaciones clínicas como Diraya o la receta electrónica, facilitar la comunicación entre profesionales mediante correo o mensajería segura, y realizar teleconsultas. Su diseño permite su empleo en unidades móviles, como ambulancias, para registrar datos clínicos o acceder a protocolos en tiempo real.
Riesgos asociados. El uso de estos dispositivos conlleva riesgos específicos derivados de su movilidad, como la pérdida, el robo, el acceso a redes inseguras o la sincronización de datos en entornos no controlados. Estos riesgos exigen medidas de protección adicionales, como el bloqueo de acceso, la protección de credenciales y la comunicación inmediata de incidencias, para evitar el acceso no autorizado a información sensible.
Requisitos de seguridad. La movilidad segura implica el uso de canales institucionales autorizados y la protección de la información mediante autenticación, cifrado y copias de seguridad. Los dispositivos deben configurarse con perfiles de seguridad y gestionarse mediante herramientas como MDM (Mobile Device Management) para garantizar su trazabilidad y minimizar la exposición a amenazas.
Sistemas operativos y conectividad. Los dispositivos de movilidad funcionan con sistemas operativos móviles específicos, como Android o iOS, o con sistemas de escritorio adaptados a la movilidad. Su conectividad inalámbrica, mediante redes 4G/5G o Wi-Fi, es esencial para su funcionamiento, permitiendo la transmisión de datos en tiempo real y el acceso a servicios corporativos desde cualquier ubicación.
Delimitación conceptual. Estos dispositivos no deben tratarse como soportes de movilidad personal, sino como puntos de acceso a información institucional, credenciales y servicios corporativos. Su uso fuera del puesto fijo exige una actuación prudente, evitando la exposición innecesaria de datos sensibles y garantizando su protección en todo momento.
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De opositor a opositor, Serafín.