Titulación mínima
Diplomado/a, Ingeniero/a Técnico/a, Arquitecto/a Técnico/a, Grado o equivalente.
Título oficial del programa: Los sistemas informáticos: Conceptos básicos, estructura, elementos, clasificación, funcionalidad y codificación de la información. Hardware, estructura funcional de un ordenador, componentes físicos, periféricos de entrada y salida. Software, soporte lógico de un ordenador: conceptos básicos, elementos, clasificación y funcionalidades, sistemas operativos. Mantenimiento básico de los ordenadores (Preventivo y Correctivo). Nociones básicas de seguridad informática y seguridad de la información (Amenazas y riesgos cibernéticos, mecanismos de protección y técnicas de seguridad). Conceptos básicos de dispositivos de movilidad (portátiles, tablets, móviles).
Definición y alcance. Un sistema informático es un conjunto de componentes interrelacionados —hardware, software, datos, procedimientos, comunicaciones y personas— diseñado para capturar, procesar, almacenar, transmitir y presentar información de forma automatizada. Su finalidad es optimizar el tratamiento de datos, superando las limitaciones del procesamiento manual y permitiendo la ejecución de tareas complejas con precisión y eficiencia. En el ámbito administrativo, como el del Servicio Andaluz de Salud (SAS), estos sistemas facilitan la gestión de citas, historiales clínicos o informes epidemiológicos, integrando recursos físicos, lógicos y humanos en una arquitectura coherente.
Estructura tripartita. La organización de un sistema informático se articula en tres capas esenciales. La capa física incluye el hardware, como la CPU, la memoria RAM o los periféricos, que ejecutan las operaciones tangibles. La capa lógica abarca el software, desde sistemas operativos hasta aplicaciones específicas, que dirigen el funcionamiento del hardware. La capa humana engloba a los usuarios y al personal técnico, quienes interactúan con el sistema para definir objetivos, operar herramientas o interpretar resultados. Esta estructura garantiza que el sistema no sea un mero conjunto de dispositivos, sino una herramienta orientada a satisfacer necesidades concretas.
Elementos clave. Los componentes de un sistema informático incluyen el hardware (CPU, memoria, periféricos), el software (sistemas operativos, aplicaciones), los datos (información estructurada o no estructurada), los procedimientos (normas de uso y mantenimiento), las comunicaciones (redes y protocolos) y las personas (usuarios y administradores). En entornos sanitarios, por ejemplo, el software como Diraya o Receta XXI se integra con hardware especializado (terminales de citas, impresoras de recetas) y redes LAN/WAN para gestionar información crítica. La interacción entre estos elementos define la capacidad del sistema para cumplir sus objetivos.
Clasificación de sistemas. Los sistemas informáticos pueden clasificarse según múltiples criterios. Por tamaño, se distinguen supercomputadoras, mainframes, minicomputadoras, microcomputadoras, estaciones de trabajo y terminales ligeros. Por arquitectura, destacan modelos como la monolítica, cliente-servidor, n capas, distribuida o cloud. Por funcionalidad, se dividen en sistemas de procesamiento de transacciones (TPS), sistemas de información gerencial (MIS) o sistemas de apoyo a la decisión (DSS). En la administración pública, la arquitectura cliente-servidor es común para gestionar bases de datos centralizadas, mientras que los sistemas cloud permiten el acceso remoto a recursos compartidos.
Ciclo de procesamiento. La funcionalidad de un sistema informático se materializa en un ciclo secuencial: entrada (captura de datos mediante teclados, escáneres o sensores), procesamiento (transformación de datos por la CPU y el software), almacenamiento (guardado en RAM, discos duros o servidores) y salida/transmisión (presentación de resultados en pantallas, impresoras o redes). Este flujo garantiza que la información sea validada, transformada y comunicada de manera eficiente. En el SAS, por ejemplo, la entrada de datos de un paciente se procesa para generar un informe clínico, que luego se almacena en un servidor y se transmite a otros profesionales autorizados.
Codificación de la información. La representación de datos en un sistema informático se basa en el sistema binario, que utiliza dos estados (0 y 1) para codificar toda la información. La unidad mínima es el bit, y su agrupación en bytes (8 bits) permite representar caracteres, números o instrucciones. Los estándares de codificación, como ASCII (limitado a 128 o 256 caracteres) o Unicode (que soporta textos multilingües con UTF-8, UTF-16 o UTF-32), son esenciales para garantizar la compatibilidad entre sistemas. En el ámbito sanitario, la codificación estandarizada facilita el intercambio de historiales clínicos o datos epidemiológicos entre centros.
Delimitación conceptual. Es crucial diferenciar un sistema informático de conceptos afines. No es un ordenador aislado, ya que este solo representa una parte del hardware. Tampoco es un sistema de información, aunque ambos estén relacionados: el sistema de información se centra en los datos y su flujo, mientras que el sistema informático incluye además los recursos técnicos y humanos necesarios para procesarlos. En la administración pública, esta distinción es clave para diseñar soluciones integrales que combinen tecnología, procedimientos y personal capacitado.
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Probar demo gratis con preguntas de este temaDefinición y alcance del hardware. El hardware se define como el conjunto de componentes físicos y tangibles que integran un sistema informático. A diferencia del software —que engloba programas y datos lógicos— y del firmware —código almacenado en dispositivos con funciones específicas de bajo nivel—, el hardware incluye elementos materiales como servidores, redes, dispositivos de almacenamiento y periféricos. En entornos institucionales como el Servicio Andaluz de Salud (SAS), su gestión exige identificar activos materiales, evaluar su ciclo de vida y garantizar su interoperabilidad dentro de infraestructuras complejas.
Estructura funcional básica. La estructura funcional de un ordenador se articula en torno a cuatro operaciones fundamentales: entrada de datos, procesamiento, almacenamiento y salida de resultados. Este modelo, aunque simplificado, permite analizar cómo interactúan los componentes físicos para ejecutar tareas administrativas, desde la introducción de datos hasta la generación de informes o la transmisión de información entre sistemas. Cada una de estas operaciones depende de elementos hardware específicos, como teclados para la entrada o pantallas para la salida.
Componentes físicos principales. Los componentes físicos esenciales de un ordenador incluyen la unidad central de procesamiento (CPU), que actúa como el "cerebro" del sistema, ejecutando instrucciones y realizando cálculos. Las memorias, tanto volátiles (RAM) como no volátiles (almacenamiento en disco), permiten guardar y acceder a datos de forma temporal o permanente. Además, los periféricos —como impresoras, escáneres o monitores— amplían las capacidades del sistema, facilitando la interacción con el usuario o con otros dispositivos.
Infraestructura en el SAS. En el ámbito del SAS, el hardware se despliega en una infraestructura distribuida que incluye servidores ubicados en el Centro de Proceso de Datos (CPD), donde se centralizan recursos críticos como bases de datos o aplicaciones corporativas. Estos servidores soportan sistemas como Diraya (historia clínica electrónica) o Receta XXI (receta electrónica), garantizando su disponibilidad y rendimiento. Además, en las consultas médicas y oficinas administrativas, se utilizan terminales y dispositivos periféricos para acceder a estos sistemas y realizar tareas operativas.
Periféricos de entrada y salida. Los periféricos de entrada permiten introducir datos en el sistema, como teclados, ratones, escáneres o lectores de códigos de barras. Por su parte, los periféricos de salida muestran o transmiten los resultados procesados, incluyendo monitores, impresoras o altavoces. En entornos sanitarios, estos dispositivos son fundamentales para registrar información clínica, generar informes o comunicar resultados a pacientes y profesionales. Su correcto funcionamiento asegura la eficiencia en procesos administrativos y asistenciales.
Redes y conectividad. El hardware también incluye componentes de red, como routers, switches o cables, que permiten la comunicación entre dispositivos y sistemas. En el SAS, la interconexión de servidores, terminales y periféricos es esencial para garantizar el acceso a aplicaciones corporativas y la transmisión de datos entre unidades organizativas. La infraestructura de red soporta procesos críticos como la gestión documental o el intercambio de información entre sistemas interoperables, como el Sistema de Información Sanitaria de Andalucía (SISA).
Importancia en la gestión administrativa. En el contexto de la gestión administrativa del SAS, el hardware no se limita a equipos individuales, sino que forma parte de un ecosistema tecnológico que soporta procesos como la planificación de agendas, la gestión de recursos humanos o el control logístico. La fiabilidad y el rendimiento de estos componentes son clave para mantener la operatividad de sistemas como GERHONTE (gestión de recursos humanos) o SIGLO (gestión logística), que generan indicadores de productividad y eficiencia.
Definición y naturaleza. El software se define como el conjunto de programas, instrucciones, reglas, documentación asociada y datos que permiten al hardware ejecutar tareas específicas. A diferencia de los componentes físicos, el software es intangible y se almacena en dispositivos de memoria como secuencias de instrucciones que el procesador interpreta y ejecuta. Su finalidad es actuar como puente entre el usuario y el hardware, simplificando la interacción con el sistema informático y permitiendo operaciones complejas sin necesidad de conocer los detalles técnicos del soporte físico.
Componentes integrales. El software no se limita a los programas ejecutables en sentido estricto. Incluye también módulos, bibliotecas, controladores, ficheros de configuración, interfaces y rutinas de servicio que garantizan su correcto funcionamiento. Además, la documentación técnica —como manuales, especificaciones y diagramas de flujo— forma parte esencial del software, ya que asegura su mantenibilidad, interoperabilidad y evolución, especialmente en entornos donde la trazabilidad y la auditoría son requisitos críticos, como en la administración sanitaria.
Relación con el hardware. El software y el hardware son realidades distintas pero inseparables en la explotación de un sistema informático. Mientras el hardware proporciona la capacidad de procesamiento y almacenamiento, el software define cómo se emplean esos recursos. Un hardware sin software carece de funcionalidad práctica general, y un software sin hardware no puede ejecutarse. Esta interdependencia es fundamental para comprender el funcionamiento integral de los sistemas informáticos en entornos profesionales como el SAS.
Clasificación básica. El software se divide principalmente en dos categorías: software de sistema y software de aplicación. El software de sistema incluye los sistemas operativos y controladores, encargados de gestionar los recursos hardware y proporcionar servicios comunes a los programas. El software de aplicación, por su parte, está compuesto por programas específicos diseñados para realizar tareas concretas, como procesadores de texto, bases de datos o aplicaciones sanitarias como Diraya y Receta XXI en el ámbito del SAS.
Sistemas operativos. Los sistemas operativos son el núcleo del software de sistema y desempeñan un papel central en la gestión de recursos hardware, como la memoria, el procesador y los dispositivos de entrada/salida. Ejemplos relevantes en el SAS incluyen Windows Server en servidores y sistemas operativos en terminales de consultas médicas. Su función es proporcionar una interfaz entre el hardware y los programas de aplicación, facilitando la ejecución de tareas y optimizando el rendimiento del sistema.
Firmware y delimitación conceptual. Es importante distinguir el software del firmware, que ocupa una posición intermedia entre el hardware y el software convencional. El firmware reside en memorias no volátiles (como la BIOS/UEFI) y controla funciones básicas del hardware, pero no se considera parte del software en sentido estricto. Esta distinción evita confusiones y permite una clasificación precisa de los componentes lógicos de un sistema informático.
Relevancia en el SAS. En el Servicio Andaluz de Salud, el software adquiere una relevancia crítica al soportar sistemas de información sanitaria, gestión administrativa y procesos de atención al ciudadano. Aplicaciones como Diraya (historia clínica electrónica) y Receta XXI (receta electrónica) son ejemplos de software de aplicación que optimizan la gestión sanitaria y mejoran la eficiencia en la prestación de servicios. La correcta comprensión de estos conceptos es esencial para garantizar su funcionamiento y mantenimiento en entornos profesionales.
Definición y alcance. El mantenimiento básico de los ordenadores abarca acciones técnicas, organizativas y procedimentales orientadas a preservar la operatividad, disponibilidad y vida útil de los equipos. Su objetivo es prevenir fallos mediante intervenciones planificadas (mantenimiento preventivo) o restaurar el funcionamiento normal tras una avería (mantenimiento correctivo). En entornos como el SAS, donde la dependencia de los sistemas informáticos es alta, este mantenimiento es esencial para garantizar la gestión administrativa, la atención sanitaria y la protección de datos sensibles.
Enfoque sistemático. El mantenimiento no se limita a reparaciones puntuales, sino que adopta un enfoque sistemático basado en la gestión de riesgos. El mantenimiento preventivo busca minimizar la probabilidad de fallos o vulnerabilidades, mientras que el correctivo actúa sobre los efectos ya materializados, priorizando la restauración rápida y con el menor impacto en los servicios. Esta distinción es clave para optimizar recursos y reducir tiempos de inactividad en los centros sanitarios.
Mantenimiento preventivo. Este tipo de mantenimiento incluye actuaciones como la limpieza física de los equipos, la revisión de componentes críticos (discos duros, memoria RAM, fuentes de alimentación), la actualización de software y la realización de copias de seguridad. En el SAS, la Dirección General de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (DGTIC) establece planes de mantenimiento preventivo programados, que se aplican de forma centralizada en los centros sanitarios. Estas acciones evitan fallos antes de que ocurran y prolongan la vida útil de los equipos.
Mantenimiento correctivo. Cuando se produce una incidencia, el mantenimiento correctivo entra en acción para diagnosticar y resolver el problema. Incluye la identificación de la causa del fallo, la corrección elemental (como reinstalar software o reemplazar componentes básicos) y la verificación posterior. En casos complejos, se escalan las incidencias a soporte técnico especializado. Este tipo de mantenimiento es reactivo y busca restaurar la funcionalidad en el menor tiempo posible, especialmente en entornos críticos como los del SAS.
Ámbito de aplicación en el SAS. En el Servicio Andaluz de Salud, el mantenimiento de los ordenadores está centralizado en la DGTIC, que coordina tanto el mantenimiento preventivo como el correctivo. Esta estructura permite una gestión uniforme de los recursos y una respuesta ágil a las necesidades de los centros sanitarios. La DGTIC trabaja en colaboración con los servicios de soporte técnico locales y, cuando es necesario, con proveedores externos para garantizar la operatividad de los sistemas.
Importancia en la práctica administrativa. La comprensión de la distinción entre mantenimiento preventivo y correctivo es fundamental para el personal administrativo, ya que permite identificar qué actuaciones pueden realizarse a nivel básico y cuáles deben derivarse a técnicos especializados. Esto optimiza la gestión de incidencias y asegura que los equipos informáticos mantengan su funcionalidad en entornos de alta demanda, como los del SAS.
Beneficios del mantenimiento básico. La aplicación sistemática de estas acciones reduce costes operativos, minimiza los tiempos de inactividad y evita la pérdida de información crítica. Además, contribuye a la seguridad de los sistemas, al garantizar que los equipos estén actualizados y libres de vulnerabilidades. En el contexto sanitario, esto es especialmente relevante para proteger datos sensibles y asegurar la continuidad de los servicios.
Concepto de seguridad informática. La seguridad informática se centra en proteger los sistemas, redes y dispositivos frente a amenazas que puedan comprometer su funcionamiento o la información que manejan. En el ámbito del Servicio Andaluz de Salud (SAS), esto incluye garantizar que los datos sanitarios y administrativos estén protegidos contra accesos no autorizados, modificaciones no permitidas o pérdidas accidentales. La seguridad informática no solo aborda aspectos técnicos, sino también procedimientos y políticas que regulan el uso de los recursos tecnológicos.
Seguridad de la información. A diferencia de la seguridad informática, la seguridad de la información tiene un alcance más amplio, ya que protege los datos independientemente de su formato (digital, físico o incluso oral). Sus pilares fundamentales son la confidencialidad (asegurar que solo personas autorizadas accedan a la información), la integridad (garantizar que los datos no sean alterados sin permiso) y la disponibilidad (asegurar que la información esté accesible cuando se necesite). En el SAS, estos principios son críticos para cumplir con normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley de Autonomía del Paciente.
Amenazas y riesgos cibernéticos. Las amenazas más comunes incluyen el malware (software malicioso como virus, troyanos o spyware), el phishing (suplantación de identidad para robar credenciales), el ransomware (secuestro de datos a cambio de un rescate) y los ataques de denegación de servicio (DDoS), que saturan sistemas para dejarlos inoperativos. En el entorno sanitario, estos riesgos pueden tener consecuencias graves, como la exposición de historiales clínicos o la interrupción de servicios esenciales. La identificación proactiva de estas amenazas es clave para implementar medidas preventivas efectivas.
Mecanismos de protección. Para mitigar los riesgos, se emplean herramientas como firewalls (barreras que filtran el tráfico no autorizado), antivirus (programas que detectan y eliminan malware), cifrado (transformación de datos para que solo puedan ser leídos por usuarios autorizados) y autenticación multifactor (requerir más de un método de verificación para acceder a sistemas). En el SAS, estos mecanismos se complementan con políticas de acceso restringido, segmentación de redes y copias de seguridad periódicas para garantizar la recuperación de datos en caso de incidentes.
Técnicas de seguridad. Las técnicas de seguridad combinan medidas técnicas, organizativas y humanas. Entre las técnicas técnicas destacan la segmentación de redes (dividir la red en zonas para limitar el movimiento de amenazas) y el monitoreo continuo (detección temprana de actividades sospechosas). Las medidas organizativas incluyen la elaboración de protocolos de actuación ante incidentes y la clasificación de la información según su nivel de sensibilidad. Por último, las técnicas humanas se centran en la formación de usuarios, ya que muchos incidentes de seguridad se originan por errores humanos, como el uso de contraseñas débiles o la apertura de correos fraudulentos.
Importancia de las actualizaciones. Un aspecto crítico del mantenimiento de la seguridad es la actualización periódica de sistemas operativos, aplicaciones y firmware. Las actualizaciones suelen incluir parches que corrigen vulnerabilidades conocidas, por lo que su instalación oportuna reduce el riesgo de explotación por parte de ciberdelincuentes. En el SAS, este proceso debe estar centralizado y supervisado para asegurar que todos los dispositivos cumplan con los estándares de seguridad establecidos.
Enfoque proactivo. La seguridad informática no es un estado estático, sino un proceso continuo que requiere evaluaciones periódicas de riesgos, pruebas de penetración (simulaciones de ataques para identificar vulnerabilidades) y auditorías de seguridad. En el ámbito sanitario, donde la protección de datos es especialmente sensible, este enfoque proactivo es esencial para adaptarse a nuevas amenazas y garantizar la confianza de pacientes y profesionales.
Definición y alcance. Los dispositivos de movilidad son equipos informáticos concebidos para operar fuera de entornos fijos, caracterizados por su portabilidad, autonomía energética, almacenamiento local y conectividad inalámbrica. En el contexto del Servicio Andaluz de Salud (SAS), esta categoría adopta un enfoque funcional amplio, incluyendo no solo smartphones y tablets —que responden al concepto técnico estricto de mobile device— sino también ordenadores portátiles. Su finalidad es facilitar el tratamiento, consulta, captura o comunicación de información en desplazamiento, integrándose en los flujos administrativos y clínicos de la organización.
Características comunes. Todos estos dispositivos comparten elementos técnicos esenciales: sistema operativo, capacidad de ejecutar aplicaciones, conectividad inalámbrica (Wi-Fi, Bluetooth, redes móviles) y sincronización con otros sistemas. Además, incorporan batería propia para garantizar autonomía y almacenamiento local para gestionar datos sin dependencia de infraestructuras fijas. Estas características los diferencian de los equipos de sobremesa, aunque su equilibrio entre productividad, ligereza y ergonomía varía según la categoría.
Portátiles: productividad y versatilidad. Los ordenadores portátiles destacan por integrar pantalla, teclado físico y batería en un formato transportable, optimizado para tareas prolongadas de productividad. Su diseño prioriza la multitarea y el trabajo documental, ofreciendo mayor capacidad de procesamiento y compatibilidad con periféricos (monitores externos, teclados adicionales). Aunque su movilidad es media —por tamaño y peso—, son la opción preferente cuando se requiere escritura intensiva o manejo de aplicaciones complejas, como en entornos administrativos del SAS.
Tablets: interacción táctil y movilidad intermedia. Las tabletas se caracterizan por su interacción táctil, tamaño intermedio y ligereza, lo que las hace ideales para consulta visual, anotaciones o trabajo ligero. Su versatilidad aumenta con accesorios como lápices digitales o teclados opcionales, aunque su productividad documental es menor que la de un portátil. En el ámbito sanitario, son útiles para acceder a historiales clínicos, registrar datos en movilidad o realizar consultas rápidas, combinando portabilidad con una experiencia de usuario intuitiva.
Móviles: inmediatez y comunicación. Los teléfonos móviles inteligentes son los dispositivos más portables, diseñados para acceso inmediato, comunicación y captura de información. Su rasgo central es la integración de funciones telefónicas con aplicaciones, sensores (GPS, cámara) y conectividad ubicua. Aunque su capacidad para tareas extensas es limitada, son esenciales para autenticación, notificaciones o acceso rápido a datos, especialmente en entornos donde la disponibilidad constante es crítica, como la atención sanitaria urgente.
Diferencias funcionales y criterios de elección. La elección entre portátil, tablet o móvil depende del uso prioritario: productividad prolongada (portátil), consulta visual y movilidad (tablet) o inmediatez y comunicación (móvil). Los formatos híbridos, como los dispositivos 2-in-1, intentan combinar ventajas, pero no eliminan la necesidad de analizar requisitos específicos, como el tipo de entrada (teclado físico vs. táctil) o el sistema operativo. En el SAS, esta clasificación permite relacionar hardware, software y conectividad con las necesidades operativas de cada área.
Gestión y seguridad corporativa. La gestión de estos dispositivos en entornos organizativos incluye procesos de alta, configuración, actualización de software y distribución de aplicaciones. Además, requiere medidas de seguridad específicas, como autenticación robusta, cifrado de datos, bloqueo remoto o borrado en caso de pérdida. Estas prácticas, alineadas con normativas como el Esquema Nacional de Seguridad, son fundamentales para proteger la información sensible manejada en el ámbito sanitario y administrativo.
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De opositor a opositor, Serafín.